Apremiado por las posibles muestras de descontento por la contaminación de los ríos durante la multitudinaria Fiesta de la Confluencia, prevista para el mes entrante, el Municipio se está moviendo rápido para morigerar el enojo reinante.
No se necesitó de ninguna ordenanza o ley de emergencia que permita destinar recursos para acelerar en pocos meses las obras que hace años deberían haberse ejecutado para evitar el daño ambiental en las costas. Sin embargo, la carrera contra el tiempo por el mal estado de los ríos es también por la doble agenda electoral de este año, las elecciones a concejales, por un lado, y las de diputados nacionales, por el otro.
Durante la reunión que el virtual jefe de Gabinete del Municipio, Marcelo Bermúdez, mantuvo con el defensor Público Federal, Pablo Matkovic, y vecinos ambientalistas, surge la preocupación de la actuación de la Justicia Federal en el tema y en una eventual fallo que ordene a la Ciudad (y también a la Provincia) a remediar el desastre y presentar un plan concreto para garantizar el cuidado de las aguas de la contaminación.
Hasta tanto el Municipio y el gobierno provincial no acuerden un contrato de concesión para el EPAS en la ciudad, acciones como las anunciadas ayer serán sólo un parche.
La falta de acuerdo en fijar reglas de juego claras para ambos habla también de la poco probable existencia de políticas de Estado en materia ambiental para los próximos años. Las urgencias necesitan remedios urgentes, pero no solamente para zafar de los compromisos electorales, sino también para garantizar en serio algo elemental para la calidad de vida.