Asesinatos, brutales robos o abusos sexuales ya son parte de la cotidianeidad y casi no nos asombran. A su vez, aparecen los otros fenómenos, como por ejemplo pibes violentos en las esquinas de los semáforos “ofreciendo” limpiar los vidrios de forma amenazante o el accionar de “mecheras” en los comercios del Bajo.
Sin duda, se trata de situaciones indeseables y de inseguridad que muchas veces están vinculadas a las desigualdades que se producen en sociedades en constante desarrollo.
Tampoco se pueden despreciar las ventajas que trae aparejadas este crecimiento, que seguramente sean mayores que las desventajas si uno las pone en la balanza.
Ahora, el desafío que tienen por delante las autoridades provinciales y municipales es cómo atemperar las “cosas malas”, que en forma indefectible acompañan este explosivo aumento de población. Y, en el caso de esta zona, hay que tener especial atención en los sectores que no serán beneficiados por el boom de Vaca Muerta y la actividad petrolera. Se trata de aquellos que no pueden abonar un alquiler de 20 mil pesos, pagar una cena en un restaurante de 400 por persona o comprar un pantalón de 1.000.