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Llega el verano y la playa es uno de los grandes destinos para las merecidas vacaciones. Sin embargo, la relajación no llega a ser completa debido a que el COVID-19 continúa dando vueltas. Los expertos coincidieron en que la posibilidad del contagio a través del agua del mar o la arena es muy baja. No obstante, el riesgo real es el contacto interpersonal que puede darse cuando no se respeta la distancia social o se comparten objetos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que "hasta la fecha, no hay pruebas de que el virus del coronavirus sobreviva en el agua, incluidas las aguas residuales". Por su parte, el Centro para la Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) señaló que tampoco hay evidencia de que el SARS-CoV-2 pueda diseminarse a través de aguas recreativas. En el caso particular del agua de mar, la dilución en el gran volumen, el movimiento de las aguas y su carácter salino reducen a su mínima expresión el potencial infectivo de los virus que pudieran ser "arrastrados" desde las vías respiratorias de bañistas infectados.
Ian Hewson, un microbiólogo de la Universidad de Cornell, de Estados Unidos, resaltó que no hay datos empíricos sobre la supervivencia de SARS-CoV-2 en el agua de mar pero que, como la mayoría de los virus en hábitats marinos, "los de ARN experimentan tasas de decaimiento considerables". "La única manera realista de que los coronavirus pudieran transferirse al agua de mar sería a través de desechos cloacales pero el tratamiento de esas aguas reduciría de manera considerable la abundancia viral en los efluentes", comentó Hewson ante el medio Chequeado.
Por su parte, un documento del Ministerio de Ciencia e Innovación y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España reveló que "la acción conjunta de la sal del agua de mar, la radiación ultravioleta solar y la alta temperatura que puede alcanzar la arena son favorables para la inactivación de los agentes patógenos". El investigador del Conicet, Emiliano Salvucci, coincidió: "Dada la sensibilidad del virus al calor y la deshidratación, es muy posible que no pueda sobrevivir por mucho tiempo en la arena seca en época de verano, por lo que el riesgo de contaminación es mínimo".
De todas maneras, la médica infectóloga Elena Obieta destacó que el riesgo real concreto de las vacaciones de verano es "bajar la guardia" y dejar de adoptar las medidas básicas de precaución: distanciamiento social, uso de barbijo, no compartir objetos personales y ventilar ambientes cerrados, como restaurantes. Otra fuente de contagio podría ser el contacto con basura en la playa, en especial, residuos recientemente abandonados, como colillas de cigarrillos, tapabocas o barbijos y plásticos descartables.
Las características del mar reducirían al mínimo la transmisión del virus.