Cuando el azúcar se convierte en una dulce y peligrosa adicción

Dejar de consumir de golpe genera una abstinencia que se compara con la de un cocainómano, alcohólico o fumador.

El azúcar provoca adicción. Las imágenes de resonancia magnética comprobaron que activa los mismos centros de recompensa del cerebro que la morfina, por ejemplo. “Un consumidor de azúcar que deje de tomarlo de golpe experimentará un síndrome de abstinencia similar al que sufren los cocainómanos, los fumadores o los alcohólicos cuando dejan de consumir”, explica el investigador en nutrición, Kris Gunnars, quien confiesa su experiencia: “Pasé por seis tratamientos de rehabilitación y sé del tema”.

Por si el trago de la adicción no es lo bastante amargo, las dietas ricas en azúcares generan resistencia a la insulina, lo que significa que esa hormona deja de controlar bien los niveles de glucosa en sangre y esto abre la puerta a varios problemas de salud. Además de ser antesala de la diabetes, la resistencia a la insulina es un factor de riesgo para padecer obesidad abdominal, síndrome metabólico, enfermedad cardiovascular, cáncer de mama, de vesícula o de intestino, y hasta de metástasis. Estudios recientes indican que también aceleran el envejecimiento y aumentan el riesgo de depresión.

Lo malo es que las sociedades como la nuestra están cada vez más bañadas en azúcar. Y no basta con no usar el azucarero ni dejar de tomar bebidas azucaradas o de darnos “gustitos”. La industria alimentaria añade azúcares a productos que ni imaginás: sopas, salsas, aliños para ensalada, pizzas... Sólo con una dieta basada en ese tipo de productos superaríamos varias veces el máximo diario recomendado por la OMS, que es de seis cucharaditas de azúcar al día. Súmale las harinas blancas, féculas y almidones que llevan tantos productos procesados (y que el organismo convierte en azúcar) y el resultado es apabullante.

Nadie está libre de culpa. Les damos chucherías dulces a los chicos como premio o “tranquilizante”; festejamos con torta, tartitas y bebidas azucaradas y vivimos con la idea de que lo dulce es sinónimo de consuelo y de momentos felices. Entonces, ¿es posible salir de la trampa del azúcar? Según los expertos, sí. “El truco es ir sustituyendo la dieta rica en alimentos altamente procesados por alimentos frescos o mínimamente procesados”, explica Frank Hu, profesor de Nutrición y Epidemiología en la Universidad de Harvard, uno de los científicos más relevantes en nutrición.

Es clave saber que hay montones de productos procesados que llevan azúcares agregados, muchos terminan con “osa”, como galactosa o sacarosa, o figuran como jarabe o jugo. Hay que mirar las etiquetas y comenzar a desechar donde diga melaza, jugo de caña, miel de caña, miel de maíz, jugo de fruta concentrado, jarabe de arce, dextrosa, fructosa, sacarosa, glucosa, maltosa, dextrina, maltodextrina, galactosa, miel de malta, sólidos de jarabe de maíz, etc. Es una buena forma de empezar a cuidarnos mejor.

Las grasas, siempre lejos

Alejate de las grasas de modo natural: vas a reducir el azúcar (y de paso mantener tu línea). La industria alimentaria, cuando hace productos light, quita grasa y agrega azúcar para mantener alto tu nivel de satisfacción. Por eso, meté en tu dieta muchas ensaladas verdes con aceite de oliva extra virgen, verduras a la plancha y pescados y mariscos (pueden ser en conserva) ricos en omega 3.

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