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Cuando el mundo estalló

Hace dos años se paralizaron todas las expectativas de aquello que llamábamos futuro.

Hace unos días, Facebook me recordó una fotografía junto a un colega conversando en una radio en la que nos habían invitado para recordar el Choconazo, al cumplirse 50 años de esa protesta masiva de obreros que trabajaban en la construcción de la represa en Villa El Chocón. La foto era del 14 de marzo de 2020 y nos mostraba conversando frente al micrófono. Recuerdo que cuando terminó la entrevista nos quedamos charlando en la calle y nos despedimos con un abrazo. No nos imaginábamos que unos días después el virus SARS-CoV-2 comenzaría a extenderse y fracturar el mundo y todo aquello que hacíamos en nuestra cotidianidad, como conversar sin distanciamiento y sin barbijos e incluso trabajar en una redacción. Es que en enero de 2020 todo lo que pasaba en Wuhan, China, nos parecía lejano. Pero dos meses después, precisamente el 20 de marzo, también nos tuvimos que encerrar en nuestras casas y solo salir para lo esencial, como ir al supermercado o a la farmacia. Comenzaba una nueva forma de vida, se paralizaron todas las expectativas de nuestra cotidianidad, con aquello que llamábamos futuro y que la pandemia hizo estallar en mil pedazos. Solo pudimos pensar(nos) en presente porque es impensable el futuro. Este fue el tiempo en que los deseos, los sueños, las construcciones colectivas fueron doblegadas. Ya son dos años de pandemia y el virus no ha sido erradicado ni la población mundial está inmunizada. En estos dos años de pandemia con mi colega nos cruzamos una sola vez, si mal no recuerdo en el supermercado. Los dos portábamos barbijos, mantuvimos el distanciamiento y nos saludamos chocando los puños.