ver más

Cuando la Justicia viola

Catalina Arca.

El lunes se conoció el fallo que redujo la pena a un acusado de violación porque el delito no “era ultrajante”. Dos jueces consideraron que el niño (la víctima) era gay ¡solo porque había sido abusado en otra ocasión por su padre y ya “estaba acostumbrado”!
La brutal decisión despertó bronca e indignación en la sociedad que no olvidó que uno de los jueces, Horacio Piombo, ya había fallado a favor de otros violadores.
Piombo, docente universitario, achicó la pena a un hombre que mató a su mujer a martillazos porque el asesino le había causado “buena impresión” y, además, consideraba que la víctima lo había provocado. Alivió la condena de otro porque no embarazó ni contagió a sus dos hijas mientras las violaba. A un pastor lo favoreció porque las víctimas violadas por él, dos adolescentes, eran de clase social baja y estaban familiarizadas con el sexo desde muy chicas. Sentencia esta que provocó el escrache de los estudiantes en la Universidad Nacional de Mar del Plata, donde aún el juez dicta un seminario de derecho. En todas estas ocasiones, la justificación de Piombo incurre en prejuicios, no tiene consistencia lógica –ni mucho menos legal– y cae en el absurdo jurídico. Los jueces que fallaron como fallaron olvidaron que el nene tiene seis años y que, por lo tanto, sigue siendo una violación. Haya sido la primera o la última. El derecho no puede reducir una pena por la supuesta condición sexual de la víctima. Además, el fallo incurre en la justificación homofóbica (no se trata de una violación si la persona es gay), argumento similar que se suele escuchar cuando una mujer prostituta es violada. En este fallo, abusaron del niño su padre, el entrenador de fútbol y la Justicia.