Cada vez que se produce un episodio repudiable en el fútbol y mientras se espera la resolución de las autoridades, una típica humorada que recorre las redes sociales señala que la decisión será “quita de puntos a Chicago, Chacarita, Almirante Brown y Laferrere...”. No importa que los involucrados sean otras entidades; es más, allí radica la gracia del chiste. El sarcástico mensaje que lleva implícita la ocurrencia sería que siempre sancionan a los mismos: los equipos chicos, los del interior y los porteños de menos peso. Que la ley no es pareja ni se mide con la misma vara. Se es más riguroso con los pobres que con los ricos, según esa teoría.
Ahora bien, Belgrano no debe victimizarse sino asumir su responsabilidad. Aún indignan y duelen las imágenes del hincha brutalmente asesinado en la popular pirata en ocasión del clásico cordobés. El club celeste era, sin dudas, merecedor de un sanción dura como la que el jueves se oficializará (jugar un tiempo largo fuera de su provincia y amonestaciones que lo dejan al borde de la desafiliación), amén de que los hinchas correctos lamentablemente terminan pagando el pato y nada garantiza que los violentos no vuelvan a hacer de las suyas.
Lo grave es que en casos similares el criterio ha sido muy dispar, que invita a pensar que hay privilegios y concesiones. Por ejemplo, a River apenas le suspendieron ¡una tribuna! tras la muerte del hincha Gonzalo Saucedo en 2012 dentro de las instalaciones del Monumental. Y hay montones de ejemplos de la severidad que se aplica para unos y el trato preferencial y cómplice hacia otros.
Eso es lo que hace que, en nuestro bendito fútbol, lo justo sea visto como injusto.
En el fútbol nacional la ley no es pareja y se juzga con mayor rigor a equipos como Belgrano que a los poderosos.