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¿Cuánto crédito te queda, Virrey?

Luciano Carrera

Lo tienen muy claro los hinchas de Boca que disfrutaron aquellas mieles del éxito que los llevó a la cima del mundo. Al Boca de Bianchi, criticado por los rivales por su falta de brillo, daba placer verlo calzando la Azul y Oro. Todos los títulos que asomaban lejanos y en blanco y negro se hicieron costumbre en La Bombonera, sitio habitual de vueltas olímpicas y grandes gestas. No importaba el nombre ni el talento del jugador que se sumara. Desde aquel equipo inicial que instaló el invicto más largo de la historia del fútbol argentino (40 partidos sin perder) hasta la despedida de su segundo ciclo, en el que repitió la gloria Intercontinental, siempre hubo un norte claro, una idea, aunque cambiaran los esquemas y los jugadores, una consigna que no se negociaba y que hacía del Boca del Virrey uno de los equipos más respetados del mundo, vencedor del Real Madrid y el Milan, verdugo de los brasileros incluso en sus tierras. Este, el que se comió tres en casa ante el humilde Atlético Rafaela, el que sumó un mentiroso primer lugar en la tabla acumulada de la temporada anterior, el que cambia figuritas y no encuentra el rumbo, incluso cuando tuvo la más difícil del álbum (Riquelme), no le hace honor al DT más ganador de la historia. Se lo ve perdido, castigado por los periodistas que nunca lo quisieron y que hoy sonríen gracias a un equipo sin fútbol y sin alma, que comete errores en defensa que alarmaría ver en el torneo Don Pedro. Seguirá, si no puede remontar esta larga cuesta, en el corazón de los hinchas de Boca. Pero para mantenerse en el banco deberá pagar un par de cuotas, y al contado, porque los dirigentes están tomando carrera, juntando valor, para ver cómo aguantan sus débiles espaldas echar del club al único hombre capaz de soportar los golpes de KO que está recibiendo demasiado seguido.