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Cuesta ver los partidos

Hasta River, el mejor de los últimos años, cayó en la mediocridad generalizada. El éxodo de cracks, clave.

Paolo Montero, entrenador de un San Lorenzo paupérrimo, manda a la cancha al Pocho Cerutti para intentar dar vuelta la historia ante Argentinos Juniors. En la primera que toca, el picante delantero intenta enviar el centro al área pero una pifia poco ortodoxa (le pegó con las dos piernas) termina con el balón lejos del arco y el entrenador agarrándose la cabeza.

Imágenes de esas se observan cada fin de semana en los chatos partidos que ofrece la Liga Profesional. La descripción es un fiel reflejo de la pobreza del torneo de Primera División, de la berretización que impera en el fútbol argentino.

Un triste y preocupante nivel que queda de manifiesto con la nula presencia albiceleste en las semifinales de los dos torneos más importantes a nivel continental: la Copa Libertadores y la Sudamericana.

De hecho, Independiente, con el plantel más corto y carente de recursos que se le recuerde al Rojo, está puntero y lo persigue su eterno rival, Racing, que hace un par de semanas despidió a su entrenador Juan Antonio Pizzi justamente por lo mal que jugaba el equipo...

Hasta River, el mejor y más vistoso conjunto de los últimos años se contagió de la mediocridad generalizada y se muestra desconocido, acaso en el peor momento del glorioso y extenso ciclo Gallardo.

Claro que hay un atenuante y es el éxodo de las grandes figuras, que cada vez resiente más los planteles. Sin ir más lejos, el Millonario perdió recientemente -y en un momento clave- a Borré y Montiel, futbolistas de selección a los que no logra reemplazar.

El campeonato pierde jerarquía año a año y cuesta disimularlo. También cuesta ver los partidos tan aburridos cada fin de semana.