Lorena Vincenty
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NEUQUÉN
La tercera edad a veces se vive con alegría, otras con tristeza, pero casi siempre con la necesidad de que alguien acompañe. Los hijos, nietos, parejas, amigos o el Estado, cuando los demás faltan, son responsables del bienestar de cada abuelo. Quienes requieren ayuda para el cuidado en el hogar deben invertir no menos de $6000, o bien pagar cuotas de hasta $20.000 por mes en una residencia.
Existe un gran número de adultos mayores que prefieren estar en su propia casa. Para hacerlo, muchas veces necesitan compañía, y si la familia no puede estar pendiente todo el tiempo, el costo variará de acuerdo con la complejidad del paciente y su estado de salud.
Los enfermeros se encargan de administrar la medicación y de los tratamientos; los cuidadores ayudan en las actividades de higiene y confort, y los médicos revisan el estado de salud de los abuelos.
Un cuidador que trabaja de manera particular cobra, en la ciudad, entre $200 y $350 el día. En tanto, para un enfermero recibido la tarifa va desde $70 a $90 por hora, según qué tareas realice.
Nicolás, enfermero que se dedica a la geriatría, comentó que en la ciudad creció mucho la oferta para el cuidado de ancianos pero no la capacitación, y que “muchas veces lo hace el personal doméstico”.
El geriátrico es para la tercera edad lo que la sopa para los chicos. Siempre fue visto como un castigo, y es por eso que actualmente se habla de residencias.
Muchas de ellas trabajan a puertas abiertas e intentan ser la segunda casa de los abuelos. En este caso, las cuotas van desde los $18.000 y hasta los $20.000 por persona al mes, y se brinda atención de médicos, terapistas, profesores de yoga, música, nutricionistas y kinesiólogos.
Las casas hogares, por su parte, cuestan entre $12.000 y $15.000. “Ya no hay asilos, sino casas hogar que trabajan con hasta seis abuelos. No son lugares buenos, se trabaja con personas que no son profesionales y están mal pagas”, contó Marcelo Riquelme, licenciado en Enfermería y especializado en adultos mayores.
Todos los profesionales sostuvieron que pocas instituciones de la ciudad están en regla. El problema es que hay una alta demanda y una oferta muy pequeña y hace falta una política pública para regular el sector.
Cuidar a un abuelo “no es para cualquiera. Hay que tener paciencia y formación”, agregó Riquelme, quien reveló su secreto para atenderlos: “Trato de pensar que puedo ser yo en unos años y me llevo de recompensa las historias de sus vidas”.
OPINIÓN
Que estén en sus casas
Carlos Heredia
Doctor y director de Residencia Jardín
Trabajo con la tercera edad desde hace 20 años, cuando comencé a ver el déficit que había en esta materia, la falta de lugares y contención. Participo de la Sociedad de Geriatría y Gerontología y estoy al frente de la Residencia Jardín. Promuevo que los abuelos tienen que estar en su casa. Cuando los atiendo en el consultorio les voy dando herramientas a los familiares para que puedan tenerlos en el domicilio. La residencia es la última alternativa, cuando la familia está agotada, y para el ingreso es necesario un período de adaptación de 30 a 60 días del que participa el familiar. Para elegir la institución primero se debe mirar que haya un médico a diario. Si hay algo que da una chance a la recuperación de una enfermedad en la tercera edad es que se trate a tiempo. La necesidad número dos son los especialistas para motivación y rehabilitación, como terapistas ocupacionales, musicoterapeutas, profesores de yoga para la relajación, nutricionistas y kinesiólogos.