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De garrafas y largo plazo.Lo que el país no se puede permitir

Una postal del abandono: 50 mil garrafas yacieron abandonadas ocho años en Neuquén. Durante tres presidencias permanecieron en esa condición.

El escandaloso abandono de 50 mil garrafas en un predio en Neuquén parece comenzar a revertirse. O al menos se reescribe una página que era cuanto menos para el olvido. Es difícil encontrar un aprendizaje de algo así. Pero se puede. Si no, uno siempre asiste a una suerte de repetición de película, un loop fatídico con el color de una pesadilla que no lleva a ningún lado. Vaya un intento en estas líneas.

En 2013, la ex Enarsa (hoy IEASA) tuvo la saludable idea de instalar una planta fraccionadora de gas en el Parque Industrial de Neuquén. Iba a ser un centro de distribución de gas licuado de petróleo para toda la Patagonia. El lugar quedó repleto de miles de garrafas a la espera de una carga. Iban a servir para el abrigo de muchas familias. Sucedió que esa instalación no pasó la auditoría de la Universidad Nacional del Comahue (UNco), el caso se terminó judicializando entre el Estado que no le pagó a la constructora y esa firma. Ocho años después -sí, ocho años después- el caso parece encontrar un asomo de solución. YPF Gas se quedará con el bloque de esas miles de garrafas, las testeará para ver si pueden utilizarse de forma segura y van a ir, si todo sale bien, a la población que las necesita.

En Neuquén, tal como se lo pidió el intendente Mariano Gaido al ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas, se necesitarían unas 10.000 este invierno. Una primera partida de 5.000 salió esta semana hasta Mercedes, Buenos Aires, donde se hará el proceso de verificación.

Es importante. Mucha gente podría estar un poco mejor en momentos en que no la pasa tan bien. Eso como primera cuestión.

Lo segundo tiene que ver con lo que es deseable que no hubiera pasado y con lo que no debería suceder.

En buena medida, devuelve en espejo una foto del país. No tiene que ver con ese aborrecible discurso de que todo, todo en este país está mal. Pero inobjetablemente, es verdad, se hacen mal cosas centrales.

Tiene que ver con las miradas de largo plazo, las postergaciones y esa variante de la política argentina que no sabe, no quiere, o no puede aprender de los errores propios y ajenos.

Tres presidencias después, alguien atinó a ver si era viable mejorarles la vida a quienes estaban recibiendo leña en sus casas para calentar un plato de comida o calefaccionarse. Tiene algo de realismo mágico, pero acaso el gran Gabo no era tan oscuro en los ribetes de las historias que elegía contar. Franz Kafka sí era más oscuro. Sí, es más kafkiano: la farsa de lo que puede ser todo el tiempo, pero no es.

También es una foto, casi insignificante en medio del tsunami indeseable para el peor enemigo, ese que unifica al coronavirus y a la macro al rojo vivo para el sufrimiento de millones de argentinos.

Y lo que habría que aprender es que hay que tener un plan, que la política no puede dejar de ser sensible y que hay que sostener acuerdos y no desviar la mirada. El largo plazo, una hoja de ruta, la idoneidad y los pies en la tierra impiden ese tipo de postales del abandono.

Algo de eso se juega por estos meses también en el sector energético, ni que hablar en el país. Esta turbulencia histórica solo se puede superar con oídos grandes, con una construcción en base a diferencias. El olvido, de las garrafas, de la gente vulnerable, también tiene que ver con el futuro: solo sabiendo lo que se hizo mal se puede construir y ser mejor.

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