Cuatro jóvenes de Cutral Co están en la mira de la Justicia como los sospechosos de haber asesinado a otro chico de 19 años, apenas menor que ellos. Al cierre de esta edición, dos de los presuntos autores se habían entregado en la fiscalía local y otro joven había sido detenido en un allanamiento, mientras que las fuerzas de seguridad continuaban buscando al cuarto sospechoso.
Ninguno de los tres supera los 25 años. Los que se entregaron confiaron que habían participado de una pelea con la víctima y que tras un forcejeo el arma se disparó. En el hospital, la víctima ingresó no sólo con heridas de arma de fuego sino también con varias puñaladas en su cuerpo.
La situación se replica una y otra vez en nuestra provincia y en el país: jóvenes que acceden a armas –en su mayoría de forma ilegal- y otros que mueren en manos de sus pares luego de peleas, ajustes de cuentas y discusiones. Sin saber a ciencia cierta cómo se da el acceso, vemos a diario que otros jóvenes son asesinados o gravemente heridos por disparos.
Familias enteras que acompañan a sus hijos, nietos y sobrinos al cementerio y otras que los ven detrás de las rejas. El sector de la academia que analiza la violencia juvenil en las sociedades contemporáneas coincide en, al menos, un punto: esta se ve inevitablemente exacerbada por el acceso a armas de fuego, que en muchos casos genera daños irreversibles.
En los tiempos que corren, la problemática no sólo debería ser tema de discusión en las familias y comunidades, sino que principalmente debería tomar un lugar central en las agendas de nuestros representantes en todas las escalas. Debería haber una respuesta previa y no esperar a que las armas sean gatilladas.