ver más

De qué hablamos

Neuquén > La tuberculosis (TBC) es una enfermedad infectocontagiosa producida por la bacteria Mycobacterium tuberculosis. La bacteria usualmente afecta los pulmones, pero puede manifestarse en otras partes del organismo, como en ganglios, riñones, articulaciones, huesos y el sistema nervioso central. No todos los pacientes que están enfermos de TBC pueden contagiar. Las localizaciones que facilitan la diseminación del germen son pulmonares (en especial si la persona tiene cavernas que se abren a los bronquios, de modo que el bacilo sale más fácilmente); también en la laríngea. Es importante conocer que los pacientes con TBC en otros sitios no pueden contagiar, ya que la TBC se encuentra en un lugar “cerrado”
La TBC se disemina a través del aire, desde una persona a otra. La bacteria llega al aire cuando una persona con enfermedad pulmonar elimina bacilos a través de la tos, estornudos o al hablar. Personas que se encuentren cercanas al enfermo pueden inhalar el bacilo e infectarse. Sin embargo, no todo aquel que se infecta con esta bacteria se enferma. Estas personas que se infectan pero que no enferman, que son muchas en países endémicos, se dice que tienen una tuberculosis latente, no tienen síntomas ni contagian pero en algún momento de la vida pueden progresar de infección latente a enfermedad activa, reactivándose la TBC en diferentes sitios.
Los principales síntomas son la tos y la expectoración durante 15 días.
Ante la sospecha de un caso de TBC, es aconsejable consultar al centro de salud más cercano. Ahí se pedirá un análisis sencillo e indoloro, llamado “Baciloscopia”, que consiste en la expectoración de la persona que podría estar enferma. El resultado está en 48 o 72 horas, y si da positivo o hay una firme sospecha de que tiene la enfermedad por las características clínicas, se debe iniciar inmediatamente el tratamiento, que es gratuito y lo provee Nación y Provincia.