Una reciente consulta lanzada por el Gobierno y el Ministerio Público Fiscal reveló que el 76% de los neuquinos están preocupados por los robos. El informe lo dimos el domingo pasado y ese mismo día dieron un golpe comando en un barrio cerrado y con seguridad de Plottier. El jueves, en las narices de la Comisaría Cuarta, en el corazón de Alta Barda, un alto jefe policial retirado fue asaltado y les llevaron una herencia que habían recibido hacía un mes.
Estos no son los únicos hechos que ocurrieron, sino los que trascendieron porque obviamente a la Policía y al Gobierno no les conviene que estos delitos tomen estado público. En el imaginario de las autoridades, estos sucesos alimentan la sensación de inseguridad que según su propio sondeo es elevada, aunque prefieren que esos números no trasciendan al igual que la mirada que la gente tiene de la Policía.
Lo cierto es que el pueblo no vive los robos como si sólo fueran la tapa del diario o el comentario de la radio, sino que lo vive como una realidad que los afecta de verdad y no sólo como una sensación.
Es una realidad que la Policía tiene en la mira a cinco bandas criminales que se dedican a boquetes y robos violentos.
Por eso cuando los funcionarios se esfuerzan por querer tapar el sol con las manos y reducir todo al mundillo de las sensaciones, es la propia realidad, que no anda en busca de votos, la que los golpea tarde o temprano. En vez de esconder, hay que visibilizar y mantener en alerta a las personas para que identifiquen los peligros. Además, hay que generar una política de seguridad transversal en la que la Policía sea un eslabón más y no el hacedor y responsable de todo.
Se tiene que generar una política de seguridad en la que la Policía sea un eslabón y no la responsable de todo.