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De soberanía y desinformación

Por SERGIO FERNÁNDEZ NOVOA (*)

Hace un año, desde esta columna, bajo el título “Malvinas: la carta y el engaño” recordaba mis tiempos de soldado durante el conflicto bélico  y las diferentes maneras en que los medios contaban aquí y afuera ese episodio.
“El telegrama de reincorporación al Ejército había llegado pocos días después del 2 de abril. Mayo de 1982, en el Regimiento 4 de Caballería de San Martín de los Andes, Neuquén. Caía la tarde y el frío atravesaba paredes y abrigos sin piedad. Faltaban un par de horas para el Festival con el capítulo local de la campaña Fondo Patriótico Malvinas Argentinas. Eran tiempos de cartas de papel. Tenía en mis manos una que había llegado de Europa. Desde Londres mi padre manifestaba su preocupación por mi situación y la del país. Me contaba que todos los análisis e informaciones que circulaban en los distintos países europeos daban cuenta de lo mal que nos estaba yendo en la ‘aventura’ bélica. También hacía referencia a la ‘campaña de distorsión y engaño’ que llevaban adelante la Dictadura y los medios hegemónicos, siempre cómplices”.
Contaba también en ese editorial que años más tarde compartíamos con mi padre un panel bajo el título “Democracia, medios y derechos humanos”, Y en él rememorábamos aquellos meses de 1982, cuando además del océano nos separaba el cerco que imponían los dueños de la palabra. Señalábamos entonces la funcionalidad de la mayoría de los grandes medios con los responsables del genocidio y el papel que les cupo en la tarea de desinformación durante el conflicto armado.
Así continuó, durante un largo período, la militancia por una norma que cerrara el tratado impuesto por la ley de Radiodifusión de los años de plomo. En cada remembranza de Malvinas, en cada homenaje a los caídos en las islas, subrayamos el rol desarrollado por los medios de comunicación y abogamos por generar las condiciones objetivas y subjetivas de un cambio en la comunicación.
Un año después, la Argentina continúa su avance por soberanía en la comunicación. Hoy son cada vez más los que entienden el carácter social de esta herramienta, y como, en la medida que favorezca al pueblo, nos pone a resguardo de iniciativas como aquella de Galtieri y sus secuaces. El sentimiento por las islas Malvinas hoy tiene desde el Estado una estrategia soberana e integral.
Políticas de estado en serio, que no sólo se expresan en la lucha por la recuperación plena de nuestro territorio sino en refundar las leyes que nos organizan como comunidad. El anteproyecto de reforma del Código Civil expresa la profundidad de los cambios que en materia de derechos y garantías individuales vive nuestro país.
Hacer más ágil un divorcio, una adopción o la reproducción asistida, por citar algunos ejemplos, redunda en calidad institucional pero, fundamentalmente, tiene un fuerte impacto en la vida cotidiana.
Si la política suele verse como algo ajeno y lejano desde la perspectiva del ciudadano de a pie, iniciativas como esta la acercan.
Asimismo, el replanteo en el ámbito energético que se expresa en la decisión de varias provincias de terminar con aquellas concesiones para la explotación petrolera que sólo atienden el rédito empresario en detrimento del interés común; la portabilidad numérica en beneficio de millones de usuarios de telefonía y el acuerdo de las regiones mineras para mejorar las condiciones de la actividad, desde el cuidado del ambiente hasta la generación de mayores ingresos, nos sitúan en un plano de creciente autonomía.
En aquella columna de 2011, señalábamos que en el tiempo transcurrido entre 1982 y el presente, el correo electrónico reemplazó en buena parte la relación epistolar en papel. El flujo informativo cambió su velocidad y con ella los formatos. Mi padre quedaría perplejo ante tantos cambios, sin embargo reconocería sin esfuerzo alguno los operativos de manipulación, mentira y control adversos al pueblo que hoy persisten en las grandes usinas informativas. Sin dudas, el desafío es profundizar el camino iniciado con las luchas por una nueva norma de radiodifusión, que parieron la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.  
Aún tengo presentes rostros e imágenes de aquellos meses del '82. Recuerdos que me generan sensaciones encontradas. No obstante cobijo la certeza de transitar un tiempo de autodeterminación e independencia como muy pocas veces en nuestra historia. Y la convicción de que esta Argentina de hoy, con creciente bienestar, inclusión y libertad para todos es el mejor homenaje a quienes ofrendaron su vida en defensa de la Patria.
 
* Periodista y director de GUAYAQUIL Centro de Estudios en Política y Comunicación para América Latina.