El delito no es algo estático, por lo que tanto sus dinámicas como las zonas en las que actúan los delincuentes van fluctuando cada cierto tiempo. Es lo que se denomina corrimiento.
Por este motivo, la inteligencia criminal está obligada a cambiar constantemente y proyectar posibles escenarios.
Es así que en Neuquén se puede observar desde hace un par de años que los delincuentes no sólo andan con armas de fuego y blancas, sino que ahora sumaron los destornilladores. Lo que parece algo descabellado tiene una lógica que hasta fue advertida por el ex jefe de la Policía, Raúl Laserna, quien en su momento explicó: “Salen con destornillador porque les sirve para atacar o defenderse, y cuando uno los detiene en la calle te dicen que van camino a hacer una changa de electricidad, por lo que es muy complejo detenerlos”.
Fue así que en la madrugada de ayer, dos delincuentes palanquearon la puerta de una casa en Villa Ceferino con un destornillador y después puntearon a un joven al que no lograron herir.
La misma dinámica se da con los motochorros, que lentamente fueron cambiando sus métodos. Por ejemplo, ahora roban motos para luego ir a dar golpes porque si usaban sus motos se arriesgaban a ser detenidos con mayor facilidad. Después aprendieron que salir a robar a cara descubierta les jugaba en contra porque las víctimas los reconocían. Entonces, descubrieron que el casco no sólo salva vidas sino que también los ayuda a zafar de que les vean la cara y los identifiquen, y esto en un juicio es un tobogán al sobreseimiento.
Los ejemplos de innovaciones delincuenciales sobran, por lo que necesitamos una Policía cada vez más proactiva.
Todo el tiempo los delincuentes buscan optimizar sus métodos para actuar sin ser detenidos ni identificados.