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Debaten qué hacer con la rottweiler que quedó sola

El hermano de la víctima duda. Los vecinos y amigos no quieren saber nada con la perra.

Mario Cippitelli
cippitellim@lmneuquen.com.ar

Neuquén
El tema es qué hacer con Pitu, la rottweiler que era pareja de Otto, el perro que le destrozó el brazo a su dueño y que ya había matado a dos personas y herido a otras cuatro.
Pitu se encuentra en observación en la Dirección Municipal de Zoonosis, hasta que el dueño decida qué hará con ella después de lo que le pasó.
Luis, el vecino que mató a Otto con un collar de ahorque, no quiere saber nada con el animal. La experiencia que vivió fue muy traumática. Vio cómo el rottweiler se devoraba el brazo de su amigo y sufrió las dentelladas del perro en su propia carne, cuando intervino aquel fatídico sábado. “No la quiere ni cerca”, reconoció Lourdes, la esposa de Luis, todavía conmocionada.
Gustavo Muñoz, un hermano de Emilio que vive en La Rioja, viajó inmediatamente a Neuquén cuando se enteró del ataque. Tampoco lo puede creer. Es que Gustavo tiene uno de los cachorros de Otto y Pitu que le regaló Emilio cuando la pareja de rottweilers tuvo descendencia.
La perra de Gustavo -según el hombre- es un animal muy dócil que convive con su mujer, sus dos hijos pequeños y hasta con un caniche y un labrador. “Juega todo el día con los chicos; vamos a correr y a nadar al dique… No puedo creer lo que pasó”, reconoce en la casa de su hermano que ahora está vacía, sin los dos rottweilers y sin Emilio, que todavía permanece internado.
Gustavo está tan acongojado como él porque los perros significan mucho para ellos. “Cuando lo visité por primera vez en el hospital me dijo: ‘me traicionó mi mejor amigo’. Estaba realmente triste por todo lo que había pasado”, aseguró.
Por ese cariño tan intenso que tiene con los animales es que hoy intentará visitar a Pitu a la dirección de Zoonosis. “Quiero ver cómo está porque me da mucha pena”, aseguró.
Lourdes, su vecina, es más tajante. Le recuerda a cada momento todo lo que le pasó a su amigo y hasta el riesgo que corrió su marido cuando intentó salvarlo del feroz ataque de los perros.
“La perra tiene el sabor de Emilio en la boca”, asegura la mujer. Y explica un detalle estremecedor. Después del ataque, la rottweiler quedó sola y, como nadie la alimentó en dos días, el animal se comió los restos del brazo de Emilio que habían quedado en el patio. Mi marido no quiere saber nada, y Emilio le va a dar la razón”, dice convencida.
Indudablemente, la suerte de la perra Pitu es una incógnita que nadie sabe cómo resolver. Quienes la conocen aseguran que es mansa y cariñosa y que solo atacó alguna vez junto a su pareja cuando los ladrones entraron a robar a la casa. En esa oportunidad, Pitu fue tan letal como Otto. Atacó y mordió hasta matar.
“Cuando el ataque pasó, la perra se acercó a mi hermano y le lamió la cara de manera cariñosa”, dijo Gustavo, según las palabras del propio Emilio. “No sabemos qué hacer”, reconoce.
Si algo faltaba en esta trama de horror y amor por los animales, es la intervención de dirigentes protectores de animales que todavía no pueden creer que hayan matado al rottweiler asesino. “Ya pasaron por acá. Quieren hacer lío porque mi marido mató al perro”, dice Lourdes. Pero enseguida justifica tal acción: “Estaba en juego la vida de su amigo y la de él. ¿Qué hubieran hecho en su lugar?”, se pregunta.
Un médico veterinario es el encargado de realizar los estudios pertinentes al cadáver del rottweiler protagonista de este cuento de terror. Se busca determinar cuáles fueron las causas de semejante agresión hacia su dueño y si existe la posibilidad de que esta patología pueda haberse transmitido a la descendencia a través de los genes.
Lo único que se sabe con certeza es que de los nueve cachorros que tuvieron Pitu y Otto, hay una que aparentemente no tiene problemas. La tiene el hermano de Emilio, se llama Rosi y -según su dueño- es una “perrita amorosa”.

 

La casa, sin aquella presencia intimidante
NEUQUÉN
Desde que ocurrió el feroz ataque del rottweiler a su dueño, la casa es visitada permanentemente por Gustavo, el hermano de la víctima, y los vecinos, que también cuidan la propiedad.
El patio de tierra que se ve detrás de las rejas ya no tiene la presencia intimidante de Otto y Pitu, la pareja protagonista de la increíble historia de horror.
Una enorme jaula montada sobre un carro con un solo eje -para sacar a pasear a los perros- está en el medio del espacio pedregoso y árido, escenario del ataque.
Solo una parte del edificio está habitable. Es el lugar donde vive Emilio. El resto todavía está en obra desde hace aproximadamente cuatro años.
“¿Creen que la perra va a volver a este lugar después de lo que pasó?” es la pregunta a Gustavo y a Lourdes.
“Espero que Emilio diga que no”, dice la mujer. El hermano de la víctima no tiene respuestas. Solo se encoge de hombros.