Desde el 2008 venimos escuchando que Vaca Muerta nos transformará en un pilar de la producción petrolera mundial, que seremos una mina de trabajo y futuro.
El repunte de la actividad petrolera en la zona, con la estatización de YPF en 2012, convirtió a Neuquén y Añelo, la casa de la “vaca”, en un imán para empresas y desocupados de todo el país que se arriesgaron a probar suerte.
Todo ese boom trajo de la mano la droga, que terminó de instalarse en Neuquén. La provincia que era parte del corredor de la marihuana a Chile se afianzó como consumidora y eso comenzó a notarse con el incremento del secuestro de cocaína y en el arribo de los ácidos a la noche neuquina.
Con la crisis petrolera sin resolver, el único crecimiento que ha traído aparejado Vaca Muerta es el narco.
Decenas de familias comenzaron a ver que la droga generaba dinero fresco y constante y no dudaron en entrar en un negocio peligroso. Así creció el narco en Neuquén y las localidades petroleras que vieron alteradas sus rutinas domésticas a la vera del empuje de Vaca Muerta.
El parate de la actividad petrolera, a fines de 2015, dejó a cientos de trabajadores sin empleo generando tremendas complicaciones en localidades dependientes. En Añelo, la comuna ha llegado a pagar el pasaje de regreso a familias que vinieron a probar suerte y se quedaron con lo puesto.
Lo único que hasta ahora ha generado Vaca Muerta es una densa red de familias narco, a tal punto que ayer la policía local incautó una encomienda en Añelo con 20 kilos de marihuana, y en Neuquén la Federal irrumpió en toma La Familia para acabar con el grotesco narcomenudeo de la banda Los Chavos. Así las cosas, nuestra Vaca Muerta es una vaca narco.