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Dejar de lado las mezquindades

Ángel Casagrande

¿Cómo hacer para vencer a un partido que lleva 53 años en el poder? ¿Cómo hacerlo si tiene más de 100 mil afiliados en una población de 550 mil? Hallar la fórmula es lo que desvela a una oposición que muchas veces terminó siendo funcional al MPN. Si bien los procesos políticos variaron durante las últimas décadas, hay un denominador que se repite en este camino hacia 2015: no existe posibilidad alguna de ganar si no es a través de un frente que incluya a todos los sectores contrarios al oficialismo o, al menos, a la gran mayoría. En las dos elecciones que ganó Jorge Sapag hubo un tercero en discordia que se llevó un significativo porcentaje de votos, aunque no habría alcanzado para torcer la historia si hubiera pertenecido a la principal alianza opositora. Ni hablar si se recuerda 2003, cuando Jorge Sobisch se quedó con el 57%. Está claro que en política un año es una eternidad, pero hoy hay solo dos dirigentes con peso propio que podrían anotarse para competir seriamente: Ramón Rioseco y Pechi Quiroga. El de la Comarca ya se largó. Al capitalino se lo ve con ganas, y va a medir si está para dar pelea. Es su sueño. “Siento en las entrañas que voy a ser gobernador”, solía decir. La primera misión será seducir a todo el arco opositor en un proyecto consensuado. Porque no hay que olvidarse de que Bertoldi, Parrilli y Mansilla tienen sus aspiraciones. También hay agrupaciones como Libres del Sur, el ARI y el Frente Grande a las que se debe convencer de que la unión hace la fuerza. Luego llegará lo más importante: dejar de lado las mezquindades y apostar por el mejor candidato. Si lo logran, será un paso enorme, aunque el éxito no estará garantizado. En el MPN, por más que en las internas queden heridos, la mayoría no “saca los pies del plato” cuando se trata de la elección del gobernador.