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La Mañana lencería

Dejó la seguridad económica de la mecánica dental por su pasión: el diseño de lencería

María Paula Ahumada contó cómo nació Lupitas lingerie, el emprendimiento que se afianzó en las ferias y creció en las redes sociales.

Ahí, rodeada de puntillas, tules y colores pasteles, María Paula Ahumada recibe con simpatía y un toque de timidez a sus fieles clientas. También a quienes - maravilladas- se acercan por primera vez a su coqueto e impecable stand de Lupitas en la feria Le Chic, atraídas por sus diseños de lencería. Todas con un toque sexy, romántico y naif.

Llena de orgullo, María Paula destaca que todas las prendas están hechas a mano. Incluso, de manera artesanal, ella misma tiñe las puntillas para que combinen en forma perfecta con los diferentes géneros de su colección. Una experta en telas y confecciones, que esconde un pasado alejado de los moldes, el centímetro y la máquina de coser.

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Hace unos cuantos años atrás, la rutina de esta diseñadora estaba signada por las innovaciones y quehaceres del mundo de la odontología, al que se había adentrado siguiendo una suerte de mandato familiar. "Yo era mecánica dental y sentía que no crecía. Era porque no me gustaba mucho. Laburaba con mi viejo y con otros tres profesionales, pero me ponía muchas trabas. En verdad podría haber trabajado con muchísimos más, pero no tenía muchas ganas. No me gustaba el laburo", reconoció con sinceridad.

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En medio de ese hastío, poco a poco, María Paula comenzó a reencontrarse con una vieja pasión que había quedado desestimada como forma de ganarse la vida.

"Toda la vida yo hice cursos de costura porque amaba coser, por hobby. Siempre me hacía mi ropa", dijo, para luego manifestar su desconcierto respecto a cómo el universo de la confección pegó fuerte en ella desde muy pequeña. "Mi mamá no sabe enhebrar ni una aguja, así que no sé de dónde viene", lanzó con humor.

"Cuando abrió el Instituto Roberto Piazza en Neuquén, me anoté para aprender sobre alta costura, pero al final no me copó. No enseñaban a hacer trajes, pantalones, vestidos de novia, pero a mi me resultaba aburrido y me empecé a replantear todo. Después conocí cómo se trabajaba con la lencería y me encantó: es un producto chiquitito y rápido, ideal para las ansiosas", describió entre risas.

"Es gracioso porque quienes hacer ropa dicen que ni a palos hacen lencería y yo, que hago lencería, ni a palos hago ropa. Es re loco, pero es como que son incompatibles", comentó revelando una clásica interna del rubro.

Lenceria Lupita- Maria Paula Ahumada (7).jpg

"Cuando empecé con esto y vi que podía llegar a ser redituable, largué la odontología. "Además mi pareja siempre me alentó y me hizo el aguante para que me largue de lleno en lo que me gustaba", agregó.

Los primeros pasos en el mercado de la lencería, los hizo con Isabelina, una marca de prendas eróticas que nada tenían que ver con su actual estilo. María Paula confeccionaba junto a su amiga Sofia Pacheco, una comunicadora social que tiempo después se convirtió en su socia.

Con la técnica aceitada, en 2017 la dupla se animó a empezar a trazar su propio camino y crearon Lupitas, una marca que desde un inicio buscó diferenciarse de la oferta habitual, a partir de sus colores pasteles y un estilo delicado.

"Todo se fue dando casi intuitivamente, sin pensarlo. Coincidíamos mucho en los gustos. Al principio hacíamos un corpiño sin armar, luego fuimos ampliando. Es prueba y error. Incide mucho lo que te va pidiendo el cliente. Todas mis clientas saben que cualquier conjunto pueden tenerlo en su talle, porque lo hago con las medidas personalizadas", destacó.

"Yo uso todas telas elásticas, muy cómodas y suaves que son exclusivamente para lencería. A mucha gente la palabra tul le da impresión, pero yo uso un microtul que es súper suavecito que no te va a picar jamás", añadió al dar precisiones de su propuesta.

Lenceria Lupita- Maria Paula Ahumada (3).jpg

Durante cuatro años, María Paula y su socia repartieron su tiempo entre los dos proyectos hasta que la casa para la cual trabajaban cerró sus puertas y ellas decidieron que Lupitas tenía que tomar mayor impulso. Y así fue.

"Primero nos compraban nuestras familias y amigos. Luego empezamos a abrirnos y empezamos a participar en ferias", dijo, para luego remarcar que con el paso del tiempo Ohlalá y Le Chic, quedaron como escenario permanente de Lupitas.

En ese devenir, Sofía dejó el proyecto para apostar a un cambio de vida en San Martín de los Andes y, meses después, la llegada de la pandemia de coronavirus, hizo que María Paula entrara en pánico. Afortunadamente y contra todos los pronósticos, el boom del comercio online -que se profundizó en el contexto de aislamiento- terminó fortaleciendo su emprendimiento.

"Como no podía ir a las ferias, pensé que me iba a morir de hambre. Luego me empezaron a escribir mis clientas para pedirme que les haga conjunto de su talle. Le empecé a prestar más atención a las redes sociales y no sabés lo que fue: tenía más laburo que antes", relató.

Actualmente María Paula disfruta combinando los tiempos de la maternidad con el del diseño, además de seguir ganando clientas. "Cuando cuento que lo hago a mano, no lo pueden creer. Yo hago la moldería de cero. Ese plus les encanta. En Instagram tiene acceso a mi celular y por ahí hago una atención personalizada. Les envío para que se midan las lolas y el bajo busto y hago todo a medidas. Igualmente, me gustaría tener un espacio propio. No un local, sino un una especie de atelier . Además quiero empezar a incursionar con bodys, batas y mallas", adelantó.

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