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Del COVID-19 y sus oleadas

El COVID-19 nos pone en un escenario incierto en el que debemos soportar idas y vueltas de acuerdo a los contagios.

Sin dudas la pandemia ha generado una situación histórica que le quemó por completo los papeles a todo el sistema. Con la vida en juego, el aislamiento fue clave, pero también frenó la actividad económica y puso en una situación cuasi terminal al bolsillo de miles de familias.

La provincia, dependiente del petróleo y el turismo, ha tenido que comenzar a flexibilizar el aislamiento más por obligación que por convicción.

Sin vacuna, el riesgo de contagio y propagación de COVID-19 es una realidad. De hecho, se multiplicaron los casos de manera exponencial en las últimas dos semanas y la bendita curva que debía estar aplanada, crece.

En los hospitales, los médicos que están en la trinchera ven cómo sale la gente a la calle y se preparan para una oleada que imaginan numerosa. “La propagación solo se evita con distanciamiento y aislamiento, una pata renga implica contagio y multiplicación”, nos advierte un profesional.

¿Qué hacer frente a este escenario? Sentarse y esperar que el coronavirus sea lo más benévolo posible mientras aguardamos la bendita vacuna.

El actual escenario también impacta en la mirada que tiene el gobierno nacional, que no descarta un retraimiento en las fases y, de ser necesario, volver a foja cero.

Así serán nuestros días, por momentos más relajados, otros un poco más inciertos y cuando no tormentosos. La vida como la conocemos cambió, al menos hasta que algo pueda ponernos a todos a resguardo del maldito COVID-19, que también ha llegado para desnudar el destrato que durante décadas hizo la política sobre el sistema de salud. En fin, esperemos aprender algo.