Los nuevos ídolos del deporte nacional a los que se refirió Juan Martín del Potro apenas Delbonis consumó la dramática victoria de Argentina sobre Brasil en la Davis no fueron los únicos que ganaron en este fin de semana extendido, sufrido e histórico por la gesta interminable de Leo Mayer. El tandilense, ahora en el rol de líder dentro y fuera de la cancha, dueño del vestuario y de la hinchada, también transpiró y festejó su propia victoria. Perder hubiese sido un golpe que caería sobre su larga humanidad, y no sobre el resto. Su relación con el certamen por equipos que hace del tenis un deporte popular por un puñado de días tuvo luces y también sombras, como su viaje al Master, antes de la triste final de 2008 ante España en Mar del Plata (jugó el segundo punto, lo perdió y se lesionó), en el que sumó una mancha que algunos aún no le perdonan. Desde entonces, atravesó días soleados y tormentas, sin la victoria final que todo héroe necesita, hasta que rompió definitivamente con Jaite y algunos de sus compañeros y decidió mirar de afuera durante dos años. Lo tentaron, le endulzaron los oídos, pero no fue hasta la salida del capitán que decidió volver, aunque sea desde afuera, convertido en referente indiscutible. Sin Nalbandian, con Mónaco afuera por una decisión sospechosa de Orsanic, la era de Delpo hubiese empezado muy mal si Brasil se llevaba la victoria. El 3-2 final puso en la tapa de los diarios al debutante Delbonis y le dio aire al tandilense, que alentó desde afuera, postergó su viaje a Indian Wells para ver el quinto punto y lloró con el triunfo consumado. Ahora planea volver en julio para la serie contra la Serbia de Djokovic, al que ya venció en la Copa, de visitante, en tiempos en los que era el sostén para soñar con una Ensaladera de Plata en la que todavía tiene cuentas por saldar.