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El histórico del Federal A que tuvo cuatro técnicos en seis meses, no paga los sueldos y está en descenso directo

Se trata de uno de los rivales de Deportivo Rincón en la Reválida, que ya pasó otras crisis graves.

El contexto económico no ayuda para nada, pero algunas gestiones deportivas tampoco. Así ocurre en el Federal A, una categoría muy exigente desde lo económico y lo futbolístico, donde Cipo y Deportivo Rincón son los representantes regionales.

En 2025, ambos compartieron la primera fase con un histórico del ascenso como Santamarina de Tandil. Este año, el Consejo Federal distribuyó los grupos de manera diferente y el León neuquino recién se lo cruzará en la Reválida el mes que viene.

La institución del centro de la provincia de Buenos Aires atraviesa una crisis económica y deportiva que viene desde al año pasado, donde la deuda superó los 160 millones de pesos.

La asunción del presidente Diego Puissant y una nueva comisión directiva renovó expectativas. De hecho, en diciembre la flamante gestión avisó que había pagado los sueldos que se debían, pero este año el primer equipo volvió a padecer los mismos problemas, que incluso recrudecieron.

Santamarina está en puestos de descenso, con sueldos atrasados y tuvo cuatro técnicos en los últimos seis meses.

Desde el armado del plantel, el aurinegro corrió de atrás y se sostuvo como pudo en las primeras fechas.

Lo primero que hizo Diego Puissant fue renovarle a Botella, pero se fue a los dos meses.

Duilio Botella lo había salvado del descenso en 2025 y es un técnico muy querido porque además logró el ascenso en 2014 a la B Nacional, pero dejó el cargo en abril y dijo que "la decisión fue más por lo institucional que por lo deportivo".

El equipo estaba quinto sobre nueve, pero se veían venir los problemas.

Entonces asumió otro experimentado DT como Luis Murúa, quien estuvo ocho partidos y no pudo levantar al equipo, con cinco derrotas, dos empates y apenas un triunfo.

Murúa no le encontró la vuelta.

En ese contexto, los sueldos atrasados ya eran una constante y el ánimo del plantel seguía cayendo.

La directiva contrató a Matías Tatángelo, que había dirigido bastante en el exterior pero poco en el país. Tras un empate con Alvarado y la derrota frente a Olimpo, presentó la renuncia de manera sorpresiva por razones que no quedaron claras.

Apenas trascendió que no había firmado su contrato, aunque es evidente que el contexto institucional no ayudó, porque es poco serio que un DT dure dos partidos.

"Por cuestiones administrativas y contractuales que no pudieron resolverse, me veo en la obligación de tomar esta decisión. Es una situación ajena a lo deportivo y que me impide continuar desarrollando mi trabajo en las condiciones profesionales que considero indispensables", escribió en sus redes, donde agradeció a los jugadores, a los hinchas y trabajadores del club, pero no mencionó a los dirigentes.

Matías Tatangelo duró tres semanas en el cargo.

A fines de julio volvió al club Nicolás Serantes, que había sido ayudante de Botella y es el actual DT desde que comenzó la Reválida.

Por ahora, no hay receta que alcance. Santamarina no levanta, está último en el acumulado por no descender, ganó uno de los últimos once partidos y el plantel no cobra en tiempo y forma.

Según dejaron trascender los jugadores, la falta de pagos no afecta únicamente a los futbolistas, sino también a otros sectores del club, como el personal médico, utileros y empleados generales.

A falta de cuatro fechas, el panorama de uno de los históricos de la tercera categoría del fútbol argentino es muy complicado.

Fuente: Ascenso del Interior

Una historia de película marcada por la crisis

Lamentablemente, esta situación no es inédita y casi todos los años hay un club complicado en este sentido. La particularidad de Santamarina es que tiene un extenso historial de crisis, ya que a fines de la década del 90 llegó a perder su estadio, la sede social y 15 hectáreas por malos manejos.

En concreto, el club lanzó una rifa con premios que nunca pudo pagar y los embargos le llovieron de todos lados, dejando el patrimonio del club en cero.

La situación de quiebra y posterior remate se produjo luego de una serie de irregularidades vinculadas al bono “Póngase Las Botas”. Tras la primera edición del sorteo, los ganadores no recibieron los premios correspondientes. En una decisión insólita, la Municipalidad de Tandil autorizó una nueva edición al año siguiente. Sin embargo, el mismo esquema volvió a repetirse bajo la misma organización, profundizando el conflicto.

Esa crisis pegó duro en todo sentido y tuvo que cambiar de nombre. Dejó de llamarse Club y Biblioteca Ramón Santamarina para pasar a "Unión Metalúrgica", y en 1998 fue Club Social y Deportivo Santamarina. Doce años después, con un par de gestiones más ordenadas, recuperó su nombre original.

El primer estadio quedó abandonad, por eso juega de local en el Municipal General San Martín, que rápidamente se transformó en su nueva casa.

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