{# #} {# #}

ver más

Tienen más de 80 años y no paran de jugar tenis: "A nosotras no nos den agujas para tejer, queremos raquetas"

Tres mujeres octogenarias que participaron recientemente del Torneo Nacional de Veteranas encontraron en este deporte su lugar en el mundo. "El tenis es un deporte que lo podés jugar hasta que Dios te dé vida", aseguran.

Angélica Pérez, Mariana Bianchini y Delia Lorio, desafían el paso del tiempo con su eterno amor por el tenis. Una pasión que demuestran cada vez que pisan una cancha y que prolongan más allá del juego convertido en apenas la excusa que necesitan para encontrarse un par de días por semana para continuar un ritual que no tiene límites físicos porque -como aseguró Angélica- y la reflexión tuvo la aprobación de sus compañeras: “es un deporte que lo podes jugar hasta que Dios te de vida” acompañando la frase con una generosa sonrisa que es también una invitación a vivir con plenitud.

Las tres han superado los ochenta y alguna ya toca los 85 años que no ocultan para nada y exhiben con orgullo. En el 39° Torneo Nacional de Veteranas de Tenis que tuvo este año a Neuquén como sede compitieron dentro de esta categoría que por primera vez se sumó como equipo al certamen.

Contentas con su segundo puesto, pero más feliz por “estos torneos que nos permiten reencontrarnos con amigas”, el trío representante de la Asociación Veteranas de Tenis de Río Cuarto, Córdoba es un ejemplo de que no hay edad ni barreras para el deporte y contagian con su alegría.

“Hace 38 años que juego y tenía 43 cuando empecé”, abrió el diálogo Angélica como para invitar a hacer la cuenta de los años de edad que tiene y que es difícil acertar si ella misma no los confiesa.

“Empecé a jugar por un problema de jaqueca. Los médicos me dijeron que podía ser un problema circulatorio y me recomendaron que fuera al gimnasio. Pero yo no quería estar encerrada así que agarré una raqueta y empecé a pegarle a la pelotita contra la pared. Después pasé a la cancha y comencé a jugar torneos con todas las compañeras, a hacer grupos y nos fuimos dividiendo por categorías. Luego me acompañó mi marido. Creo que el tenis ha sido un cable a tierra, y tenemos la edad que tenemos gracias a este deporte”, señaló sin dudarlo.

“En mi caso –contó Mariana- empecé a jugar a los 12 años pero dejé, como suele pasar cuando viene la adolescencia. Si bien volví a los 18, luego me casé y ya no jugué más. Retomé recién a los 31 años, porque una de mis hijas tenía asma a los seis y el médico le recomendó que la mandemos a tenis. Después comenzó otra hija y hoy en día estamos jugando las tres en los nacionales y los sudamericanos. En el año 85 se formó la Asociación de Veteranas de Río Cuarto y pertenecemos a la Asociación Argentina de Buenos Aires”, afirmó.

Pero el caso más insólito de cómo se conectó con esta actividad lo aportó Delia: “Empecé por celos” confesó sin rodeos. “Es que un día mi hija me dice: '¡Mami vos a acá en casa y el papi jugando mixto!'".

"'¿Cómo?' -le pregunté- '¿Se juega mixto al tenis?' 'Sí', me dijo. '¿Ah sí..? esperate nomás'. Y así empecé yo tenis”, contó con la clásica tonada cordobesa que acompañó con una risa contagiosa.

“Cuando al principio él me invitaba a jugar yo no quería saber nada porque no me gustaba este deporte. Después sí cuando me enganché aprendí e incluso ganamos torneos mixtos jugando juntos. Tenía cuarenta años cuando comencé”, confesó la dueña de una fórmula perfecta para convertir lo que podría haber sido un trauma en una pasión.

“Mi marido falleció hace cuatro y hoy todos en la familia, hijos, nietos, jugamos al tenis. El deporte fue siempre -y más ahora desde que quedé solita- un gran apoyo como también los amigos”, afirmó.

“Cuando volvemos a casa y nos preguntan cómo nos fue, si perdimos les decimos: 'socialmente re bien'”, comentan entre risas compinches las “más veteranas” del torneo que cayeron en definición con Buenos Aires.

Herederas de una época en donde la mujer tenía el espacio de la casa casi como un destino natural de otros tiempos, se rebelaron a las imposiciones y a su modo marcaron una época que –reconocen- “hoy se ve más abierta”.

“Yo voy a hacer pronto bisabuela y el otro día me preguntaron si ya estaba tejiendo algo. '¿Tejer yo?, no tengo tiempo para eso', le contesté”, contó Delia contagiando a sus compañeras al dejar en claro que son unas abuelas muy especiales.

“A nosotros que no nos vengan con agujas, mejor que nos traigan raquetas”, apoyó Angélica. “Y los nenes (por los nietos a la guardería”, se sumó a la genuina protesta Mariana quien, completando la chanza, agregó entre risas: “a mí no me busquen mucho en casa”.

“Nosotros entramos a una cancha y nos transformamos. En estos torneos nos reencontramos con muchas jugadoras de las que somos amigas hace años e incluso a muchas ellas que hoy en las categorías menores la veíamos jugar de chiquitas”, comentaron.

“Antes la gente mayor no hacía actividad física y cuando cumplías los sesenta te decían que ya estabas chapita. Las tres somos viudas. No tenemos, maridos, horarios. Solo tenemos deporte y de acá no nos saca nadie”, se plantan a modo de resistencia.

“Al tenis podés empezar a jugarlo a cualquier edad. Tenemos un amigo que arrancó cuando se jubiló a los 70 años sin saber nada. Nunca es tarde para aprender”, apuntó Angélica para entusiasmar a quienes se ponen frenos para empezar.

SFP Tenis torneo en Rincon Club de Campo veteranas.JPG

Foto: Sebastián Fariña Petersen.

“Hoy ves que en el tenis internacional –agregó. a los 40 años ya sos viejo y nosotros tenemos más de 80 y lo podemos seguir jugando. Este deporte te mantiene vital. Tanto mental como físicamente. Sentís que estás con vida. Y la parte social también es fundamental. No estamos en casa tejiendo, como antes se esperaba de las abuelitas”, afirmó.

“Yo, además, hago teatro y cursos de memoria. Siempre estamos buscando un lugarcito para no quedarnos quietas”, sostuvo.

“Es verdad. Yo además de practicar tenis voy a clases de historia, de tecnología y salgo con una amiga que tengo desde los once años”, apoyó Mariana.

“En mi caso yo hago pilates y caminatas porque hay en este deporte tienes que correr porque, acá, si no te moves te pasan por arriba. El tenis no solo es pegarle a la pelotita”, advierte Delia ”aunque mi juego es devolverla siempre”, confesó risueña.

Ojo que también no nos lesionamos, tenemos luxaciones, problemas de meniscos, desgarro, pero apenas nos recuperamos volvemos enseguida otra vez a la cancha porque es el lugar donde nos ponen y somos felices”.

Te puede interesar