A pocas cuadras de distancia, la ciudad nos ofreció ayer dos postales que representan la ausencia de respuestas en problemáticas que no pueden de-satenderse cuando se piensa en el presente y el futuro de niños y adolescentes.
Desde hace dieciséis años que para esta fecha el centro de la ciudad presenta a cientos de niños junto a sus familias en la calle, con carteles y cánticos, entre otras producciones artísticas, para hacer valer sus derechos y generar conciencia sobre la importancia de respetar las leyes que protegen a la infancia y la adolescencia.
Parece mentira que en pleno siglo XXI se siga reclamando y exigiendo el cumplimiento de derechos aprobados en 1989 en la Convención sobre los Derechos del Niño por las Naciones Unidas. Derechos que son muy básicos, tan básicos que no se entiende cómo pueden estar cercenados en la sociedad actual.
Esa convención convirtió a los niños en sujetos de derecho, y ya no más en “menores” sino en actores sociales reconocidos.
La otra postal presentaba a estudiantes del colegio San Martín exigiendo respuestas ante el Consejo Provincial de Educación por las irregularidades del edificio donde, días atrás, tres alumnas resultaron lastimadas por una ventana que se desprendió producto del viento. Tres alumnas que, ante la falta de previsión, pusieron en riesgo sus vidas.
Con su enorme agudeza intelectual, la psicoanalista Eva Giberti alguna vez apuntó que la esperanza de un país se mide por la propuesta que tiene para la infancia. “Es a través de lo que se propone a los niños donde se ve claramente la perspectiva de futuro que un país tiene”, precisó.