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Desidia y marginalidad

Pancho Casado

Días atrás, los dirigentes vecinales de Cuenca XV, San Lorenzo Sur y Confluencia urbana denunciaron que la ausencia del Estado se profundiza en los barrios alejados del centro: no hay espacios de contención y recreación para los jóvenes, por ejemplo.
Los chicos, a partir de los 12 años, no tienen nada para hacer. Es cierto que hay exclusión social, no es un “relato”. Y mucho tiene que ver con la carencia de valores, de padres, de docentes, y de gente que, en general, no estuvo cuando tenía que estar.
En la actualidad, los chicos no tienen modelos de identificación a una edad en la que es clave tenerlos. Por eso lo piden a gritos, sumado a un cuadro social que los deja afuera de todo.
Estamos en tiempos y en presencia de campañas electorales que en mayo definirán quién va a gobernar la provincia y en algunos meses más quién será el intendente o la intendenta de la ciudad. Y luego elegiremos también quién conducirá los destinos del país.
Hay posibilidades de empezar a pensar qué hacemos para que cada uno de los actores sociales pueda ocupar los lugares que debe ocupar, de manera que los chicos puedan encontrar caminos. Y no pasa por llegar con camiones cargados de electrodomésticos y colchones: hay que hacer un trabajo largo, lento, arduo, con los docentes, con los padres y con los chicos, y con todas las instituciones alrededor de una mesa de diálogo. Los agentes del Estado deben dar la cara y convocar especialmente a los representantes  judiciales; el funcionario de cualquier nivel debe estar dispuesto a dar la cara. Hoy tenemos una demanda terrible. No podemos ser condescendientes con el funcionario que se queda en su despacho, sea judicial, municipal o  provincial. Salgamos a exigir.