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Desobediencia en expansión

Salieron a la superficie diversos focos de resistencia a la autoridad. Trascienden las clases sociales.

Una crisis institucional se deja ver detrás de la urgencia por la pandemia. Bolsones importantes de la población decidieron apurar por las suyas las respuestas que, creen, les niega el sistema institucional. Desde la ruptura lisa y llana de las normas impuestas en el marco de la pelea contra el COVID-19 hasta la resolución por mano propia y en banda de situaciones que les competen a la Policía y la Justicia.

La rebelión contra el sistema institucional no es clasista. Bajo su ala se cobija un amplio abanico de sectores, de distinto palo.

En este se anota el empresariado capitalino indignado con las restricciones, que se declaró abiertamente por la violación de algunas de las limitaciones impuestas por el gobierno provincial. Con su postura radical, que incluyó un llamado explícito a la rebelión contra las medidas, consiguió revertir el pliego de normas atado a la política contra la pandemia.

También se anotan en el núcleo de la rebelión los vecinos del barrio Villa Obrero, de Centenario, que asesinaron a un hombre de 63 años al que acusaban por abuso. El caso se cerró antes de que avanzara la Justicia, que ahora tiene que resolver qué hace con los ejecutores de la sentencia popular condicionada por el clima social.

Si le faltaba presión, la hija del hombre ultimado avaló la actuación. “Los vecinos nos hicieron un favor”, dijo.

Otro foco de conflicto de los últimos días con gravedad institucional se centró en el barrio San Lorenzo. Un grupo de vecinos le quemó la casa a otro al que acusa de ladrón. Cuando intervino la Policía, sobrevino un pandemónium. El barrio estuvo alterado los días siguientes.