Neuquén no se quedó afuera y un puñado de bosteros le hicieron el aguante en el monumento a un equipo que recordó que nada es para siempre, que el verano ideal que disfrutó durante largos años, llegó a su fin. La gloria propia (4 Libertadores, 2 Intercontinentales, 2 Sudamericanas) se mezcló con la peor noche riverplatense, uno se hizo Rey de Copas y el otro vivió una tragedia que ningún futbolero se había animado a predecir jamás. Hoy, la taba se dio vuelta. Aunque Boca no sucumbe en los infiernos, en este 2014 sumó todas pálidas y River volvió a ser River, recuperando la alegría con el torneo conquistado por Ramón y ahora celebrando un título internacional luego de 17 años, de la mano de un DT identificado con la mejor estirpe de la Banda. Con buenos extras: dejar afuera al archienemigo de una Copa por primera vez y no sumar ninguna derrota en Superclásicos en ocho partidos.