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Día del hincha en un año de River

Luciano Carrera
"Fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles” fueron las últimas palabras que escribió Rodolfo Walsh. Una frase que es un mantra periodístico, una promesa que los hinchas de Boca transformaron ayer en fiesta en La Bombonera y en todo el país, en días en que los festejos se mudaron de cancha y de colores, en que los afiches los hacen los otros, en que hay que poner el pecho y aguantar los trapos. 
Neuquén no se quedó afuera y un puñado de bosteros le hicieron el aguante en el monumento a un equipo que recordó que nada es para siempre, que el verano ideal que disfrutó durante largos años, llegó a su fin. La gloria propia (4 Libertadores, 2 Intercontinentales, 2 Sudamericanas) se mezcló con la peor noche riverplatense, uno se hizo Rey de Copas y el otro vivió una tragedia que ningún futbolero se había animado a predecir jamás. Hoy, la taba se dio vuelta. Aunque Boca no sucumbe en los infiernos, en este 2014 sumó todas pálidas y River volvió a ser River, recuperando la alegría con el torneo conquistado por Ramón y ahora celebrando un título internacional luego de 17 años, de la mano de un DT identificado con la mejor estirpe de la Banda. Con buenos extras: dejar afuera al archienemigo de una Copa por primera vez y no sumar ninguna derrota en Superclásicos en ocho partidos. 
La discusión sobre la grandeza de uno y otro no será zanjada con esta Sudamericana. Ni con lo que pase mañana en el torneo local. Hay argumentos en las dos vitrinas para declarar el combate sin decisión. Lo que está claro es que la pesadilla quedó atrás para unos, y que la década ganada será casi imposible de repetir para los otros.