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María Cristina Ambort
Médica, profesora de Bioética de la UNCo
El tema Marcelo Diez provocó un fuerte debate en la sociedad y esta situación tan dolorosa nos permite hacer una reflexión como aprendizaje para el futuro. Tenemos que aprender a aceptar la decisión de los otros aunque no sean las nuestras y aunque nos causen un gran dolor. Como también conversar sobre estos temas en el seno familiar para que nuestros seres queridos sepan nuestra opinión y se respete.
Cuando una familia toma la decisión por otro ser querido que no está en condiciones, debe hacerlo de la misma manera que lo hubiera hecho esa persona y no lo que creen que será lo mejor para él.
En estos últimos años hubo un movimiento muy importante en Neuquén de apoyo a la no suspensión de ningún tipo de soporte a Marcelo Diez que incluyó un abrazo simbólico en Luncec, institución en la que estuvo internado.
No podemos ignorar que quienes impulsaron ese movimiento es gente muy buena y con los mejores deseos e intenciones. Todo ese esfuerzo y energía, que sirvió para enfrentar a los distintos grupos de la población, habría que canalizarla para organizar algún tipo de fundación o organización que ofrezca apoyo y asesoramiento a los pacientes y a las familias que así lo requieran, porque hay y habrá muchos Marcelo Diez.
Por otra parte, durante más de 20 años se demostró que Marcelo Diez nunca tuvo mejorías. En este sentido deberíamos pensar sobre la dignidad humana frente a la incapacidad. Para la sociedad civil, la dignidad está dada por la capacidad de razonamiento que tiene el ser humano lo que le permite tomar decisiones sobre sí mismo porque puede evaluar el futuro y reflexionar sobre el pasado. En tanto, para la Iglesia Católica la dignidad está en ser hijos de Dios. La Iglesia tiene que hablar para sus fieles, ser un faro para aquellos que están bajo su amparo. Está muy bien que la Iglesia hable pero el problema aparece cuando quieren imponer sus criterios a los que piensan distinto.