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¡Dios quiera que ganemos!

Luis Segura, Armando Pérez y Claudio “Chiqui” Tapia lograron lo que se suponía imposible: empeoraron la herencia recibida de Julio Humberto Grondona al frente de la AFA. La Selección subcampeona del mundo en Brasil perdió el rumbo en pleno viaje a Rusia 2018 mientras estos tres personajes sostenidos por los piolines de la política forjaban sus caprichos a expensas de las esperanzas de un pueblo futbolero como pocos en el mundo. Y quizás en ese carácter del pueblo radican las libertades que tuvieron los señores de panzas prominentes para hacer de un combinado potencialmente campeón del mundo una murga que desafina en cada escenario en el que se presenta. Gerardo Martino, Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli fueron los seleccionadores que acompañaron las gestiones post mortem de Grondona. Los rosarinos perdieron prestigio y valoración popular en sus estadías al frente del seleccionado, mientras que Sampaoli está a un partido de la gloria o el insulto colectivo más grande de los últimos tiempos. El mejor jugador del mundo, Lionel Messi, salva la ropa en soledad, más por lo que trae en sus espaldas desde el Barcelona que por lo hecho con la camiseta argentina, con la que no desentona pero tampoco ha podido conseguir hazañas como las que muchos esperan. Hoy tiene una chance más en la altura de Quito. De él y de los 10 compañeros que Sampaoli le ponga al lado esta noche depende la defensa de tanta gloria y tanto fútbol desplegado por el mundo por nuestra Selección en la historia de las últimas décadas. Por si acaso, el ateo que esto escribe apela en esta instancia al latiguillo del creyente relator cordobés Matías Barzola: “¡Que sea lo que Dios quiera y Dios quiera que gane Argentina!”.

Después de la devastación de nuestro fútbol por acción de la dirigencia, un ateo le pide a Dios que nos dé una mano.