Ahora, más vergonzoso fue escuchar las palabras del presidente del club roquense cuando fue consultado por los incidentes. Acusó a Gustavo Del Prete y a Jesús Vera, quienes quedaron tendidos en el piso con los rostros ensangrentados, de "hacer teatro".
Y aquí aparece uno de los tantos problemas que tiene el fútbol regional: la dirigencia. Es increíble que la máxima autoridad de una institución, en vez de repudiar abiertamente los ataques y poner paños fríos a la ya complicada situación, se las agarre con los dos lastimados, dos personas que lo que estaban haciendo era su trabajo. Además, no tuvo reparos en criticar a sus colegas cipoleños al achacarles que ellos mismos habían propiciado la llegada de hinchas de Cipo al Maiolino cuando estaba prohibido. Algo muy lejano a la realidad e imposible de comprobar. Costumbre bien argenta tirar la pelota hacia otro lado.
Quizás más tranquilo, y al tomar conciencia de que el escándalo adquirió dimensión nacional con sus desafortunadas declaraciones de por medio, Jorge Escaris salió a pedir disculpas un día después. Fueron tibias. Más que sinceras fueron para tratar de evitar una sanción. Incluso volvió a insistir en que el problema principal fue el ingreso del público visitante.
Está claro que este pseudoarrepentimiento del dirigente no alcanza porque con sus dichos generó la misma violencia que esos mismos delincuentes que arrojaron las piedras instantes antes.