Desde la polis griega la oratoria y el discurso fueron una herramienta fundamental de estrategia política. El mismo imperio romano se mantuvo en el poder durante siglos no sólo por su poderío militar sino gracias a su capacidad para comunicar eficientemente sus decisiones.
Actualmente y tras varios procesos de cambio, los medios de comunicación manejan ritmos, reglas de juego y tienen un peso importante en la difusión “del discurso”, existiendo un fenómeno que se conoce como la “centralidad comunicacional de la política”.
En algunas localidades los medios tienen una influencia casi total en la vida cotidiana. “Lo que no pasa en la radio, no pasa” parece ser la consigna. Y la verdad es que definitivamente es así.
Polémicas, debates, opiniones, información, humor, entretenimiento, solidaridad, todo pasa por los medios. Y este pasar por los medios habla también de una dinámica importante en los actores sociales, que cualquier dirigente avispado utilizaría para mantenerse actualizado, visualizar como va cambiando el “mapa político” y flexibilizar sus decisiones. Algo que evidentemente la gestión local no aprovecha.
Las apariciones radiales de funcionarios o el intendente denunciando los mismos temas desde hace siete meses, autocalificándose como “mendigo”, preanunciando medidas extremas hacia la comunidad por falta de dinero (como no recoger más los residuos), retando a los ministros por no atenderlo y socorrerlo, quejándose porque el Concejo no aprobó la tarifaria y no puede recaudar o por tantos otros temas repetidos, son estrategias que probablemente deban cambiar a corto plazo.
La difusión pública que la Concertación Neuquina hizo respecto al más de $1.500.000 que en cinco meses recibió el municipio como aportes no reintegrables, se está volviendo un boomerang para el oficialismo. Hasta sus concejales amagaron con renunciar cuando se enteraron por boca de otros acerca de los dineros recibidos.
La oposición alerta constantemente sobre los fondos que se van todos los meses en contratos de monotributistas sin misiones específicas claras, el pago de abundantes horas extra, compras superfluas para un “municipio quebrado”, como notebooks o computadoras que podrían haber esperado tiempos mejores, mientras no hay fondos para licitar la compra de la ropa de los empleados, mejorar la asistencia social, comprar repuestos de una máquina indispensable para reparar las dañadas calles de tierra o imprimir folletería para promoción turística. Probablemente tampoco alcance para afrontar el pago completo de los aguinaldos. Quizás ese sea el punto que lleve a seguir llorando miseria.
Con los fondos coparticipables y aportes recibidos los números ya deberían estar equilibrados, considerando que no se ha hecho mucho más que pagar sueldos y contratos. Hasta se podría pensar que la “deuda heredada”, ya es historia y fue saldada. Por supuesto, todo ello si la administración fuera austera, pero hoy hasta los teléfonos están cortados por falta de pago.
El hecho concreto es que, conocidas a través de los medios las dos versiones de lo que ocurre financieramente en el municipio, el Ejecutivo debería pensar en modificar su estrategia porque el discurso oficial ya es muy poco creíble, y hasta puede influir en próximos resultados electorales, teniendo en cuenta las opiniones que cada vez con más fuerza surgen desde muchos sectores.
Es cierto que falta mucho para los comicios, pero quienes aspiren a ocupar espacios de poder tendrán que tener en cuenta que varió lo que se denomina la “red motivacional del voto”. Esto significa que el electorado vota cada vez menos en términos de lealtad y militancia, que la influencia de los independientes es superlativa, que la decisión está ligada a la lectura que los electores hacen de actitudes concretas que muestran los dirigentes, y que todos los logros o fracasos de esta gestión tendrán incidencia directa en esas definiciones.