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¿Hay vida más allá de nuestro planeta Tierra? ¿Es posible sobrevivir en condiciones diferentes? ¿Los extraterrestres han venido a conocer cómo vivimos? Estas -y muchas preguntas más- han desvelado a generaciones que intentaron encontrar respuestas y explicaciones sobre OVNIS, raras señales y personajes extraños que podrían encontrarse entre nosotros. Pero poco es lo que se conoce.
Ahora, un equipo de científicos de la Universidad de Rochester, de la Universidad de Arizona (EE.UU.) y el Instituto de Tecnología de Tokio (Japón), descubrió que las lunas deben ser grandes con respecto al tamaño de su planeta anfitrión para que se incrementen las posibilidades de hallar vida extraterrestre. Por lo tanto, suponen que los planetas más pequeños tienen mayores probabilidades de albergar organismos.
La Luna desempeña un papel esencial para mantener la vida en la Tierra. Es que además de controlar las mareas de los océanos, estabiliza las rotaciones del planeta e influye en la estabilidad del clima, contribuyendo a los ciclos biológicos. En el estudio, que se publicó en la revista Nature Communications, los expertos proponen que el tamaño del planeta es fundamental para entender la formación de los satélites naturales, como la Luna. "Por lo tanto, al menos para la Tierra, la Luna también contribuye al clima estable de la Tierra y ofrece potencialmente un entorno ideal para que la vida se desarrolle y evolucione", indica el trabajo.
Miki Nakajima, profesora adjunta de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la Universidad de Rochester y directora de la investigación, sostuvo que: "Al entender la formación de las lunas, tenemos una mejor restricción sobre lo que debemos buscar cuando buscamos planetas similares a la Tierra".
Los investigadores descubrieron que cuando los planetas rocosos con más de seis masas terrestres y los planetas helados del mismo tamaño que el nuestro chocan, la energía produce discos totalmente vaporizados. Estos no son capaces de formar lunas, ya que serían rápidamente arrastrados de vuelta al planeta, mientras que con un disco parcialmente vaporizado (como el que se cree que formó la Luna de la Tierra) no pasaría lo mismo. "Si el planeta es muy masivo, estos impactos producen discos completamente vaporizados porque los impactos entre planetas masivos suelen ser más energéticos que los que se producen entre planetas pequeños", concluyó Nakajima.
La Luna es el único satélite natural de la Tierra. Con un diámetro ecuatorial de 3.476 km, es el quinto satélite más grande del sistema solar, mientras que en cuanto al tamaño proporcional respecto a su planeta es el satélite más grande: un cuarto del diámetro de la Tierra y 1/81 de su masa. Es, además, después de Ío, el segundo satélite más denso. Se encuentra en relación síncrona con la Tierra, siempre mostrando la misma cara hacia el planeta. El hemisferio visible está marcado con oscuros mares lunares de origen volcánico entre las brillantes montañas antiguas y los destacados astroblemas. Su superficie es en realidad muy oscura, con una reflexión similar a la del carbón.