Es la pregunta que familiares y amigos de Florencia Penacchi se vienen haciendo desde hace 10 años, cuando a la joven neuquina se la vio por última vez salir del departamento que compartía con su hermano Pedro en el barrio porteño de Palermo y nunca más se supo de ella.
La causa por la desaparición de Florencia está parada, “en blanco”, como afirmó su madre, Nidia Aguilera, quien sigue alentando la idea de que un día su hija vuelva a casa.
Una desaparición que, como la de tantas otras jóvenes de este país, estaría vinculada a la trata de personas, porque de otra manera no puede entenderse el eterno silencio que cubrió desde el comienzo la causa, lo que puso en evidencia la convivencia de altos oficiales de la Policía Federal con las mafias de este delito. Precisamente, el comisario Jorge Cipolla, por ese entonces al frente de la División Antisecuestros, fue quien desplegó una serie de pistas falsas, hipótesis ridículas y sembró sospechas sobre la vida privada de la joven neuquina. Cipolla fue acusado por cobrar coimas a tratantes y regentes de prostíbulos. Las organizaciones que luchan contra la trata apuntan a Cipolla como partícipe y responsable de que hoy Florencia esté desaparecida. El otro responsable es el fiscal Marcelo Retes, quien desestimó ciertas hipótesis del secuestro con fines de trata a pesar de tener a disposición numerosos indicios. Hoy su cara encabezará carteles, consignas y reclamos en Buenos Aires y Neuquén. Hoy, Florencia Penacchi son todas las mujeres que se movilizarán pidiendo su aparición. Como bien dijo su hermano, hacer desaparecer a una persona y borrar su existencia es terriblemente fácil en la Argentina. Hace 10 años que la Justicia le debe varias respuestas a la familia de Florencia.