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Un día como hoy hace 35 años la Selección Argentina que entonces diría Carlos Salvador Bilardo daba un paso decisivo rumbo a la consagración en el Mundial de México ’86, venciendo 2 a 0 a Bélgica en semifinales. En este equipo atajaba Jean-Marie Pfaff, uno de los mejores porteños de aquellos años y que le tocó sufrir el mejor Diego.
Todavía guarda la camiseta que intercambiaron después del partido, un preciado trofeo que guarda celosamente en una baja de seguridad de un banco por miedo a que se la roben. Hasta se anima a ponerle un precio para largarla: 1 millón de dólares tira “al menos para ver la cara que pondrían a quien se la oferta”, contó en una entrevista que que publicó Infobae.
En un día especial, muy especial el golero reveló datos claves de aquel partido, lo decisivo que fue Maradona y el gran afecto que tuvo siempre por él. Lamentó mucho su muerte, aún cree que está vivo y espera algún día poder abrir en Bélgica una galería en su homenaje. “Tuvimos el mismo origen humilde, soy también de familia numerosa de once hermanos, luché mucho para llegar a triunfar, es algo que siempre hablábamos con Diego. Me quedó pendiente una visita a la Argentina, un país que me encanta “la manera, la onda con la que viven el fútbol”.
Jean-Marie Pfaff atajaba en aquellos años en el poderoso Bayern Múnich y le tocó enfrentar al mejor Maradona que para colmo le clavó dos golazos para depositar a Argentina en la final con Alemania al que también vencería.
Recuerda de aquel partido: “Durante el precalentamiento no lo quise mirar. Quería demostrarle que estaba con confianza, que no me daba miedo. Sin Maradona, les hubiéramos ganado, estoy seguro. Diego fue fundamental para que Argentina se llevara el triunfo. Hoy, creo que no fue Bélgica contra Argentina, sino Bélgica contra Maradona”, recalcó.
“Todavía no pude aceptar su muerte, para mí está vivo. No lo veo, pero lo pienso. El mejor Maradona se veía cuando estaba solo. En cambio, con su entorno era diferente y le hacía mal. La gente que lo rodeaba no era buena. Tuvo problemas por ellos”, sostuvo el portero de 67 años, al cumplirse siete meses del fallecimiento del Diez.
“Enfrenté al mejor jugador de todos los tiempos, no tengo dudas. Fue increíble. Ya desde el precalentamiento daba gusto verlo entrenar; haciendo los trabajos precompetitivos. Pero como arquero no lo quise mirar. Quería demostrarle que estaba con confianza, que no me daba miedo. En la previa, el seleccionado argentino tenía más presión que nosotros. Sin embargo, Diego jugando fue súper inteligente. Sus ojos estaban yendo desde la derecha a la izquierda y se movía súper rápido para ver bien a sus compañeros. Tenía una vista increíble. Su cuerpo era tan ágil que no lo podías parar. Manejaba la pelota y sus compañeros corrían a su alrededor, jugaba con los ojos cerrados. Poseía una creatividad increíble y estaba súper concentrado, mirando para todos lados. Con su manera de correr, parecía que bailaba en el campo de juego”, contó.
Cuando terminó el partido me comentó: ““Quedamos 1-1, ganaste en España (Copa del Mundo de 1982), pero ahora ganamos nosotros”.
Recordó que lo admiraba tanto que previo al encuentro le pidió intercambiar las camisetas. “Le pregunté y me respondió: “Después de hacerte un gol, lo hacemos”. Se rió y acotó: “Obvio que sí, sos mi mejor amigo”. Tras la semifinal, me acerqué al vestuario argentino, le di mi camiseta y se la regaló a su hermano, Hugo. Él me dio la suya”.
“La guardo en una caja fuerte en un banco”, confesó. Quizá alguien me la podría robar, pero espero que no. Mucha gente de Argentina y de otros países me llamaron pidiéndome un precio por la camiseta, pero no lo tiene. Bueno, podría pedir un millón de dólares solo para ver su reacción, quién sabe (risas). La única manera de venderla sería donar el dinero a una Fundación. Quizás algún día pase, pero no ahora. Por la que tengo de Johan Cruyff me ofrecieron 75 mil euros, pero rechacé la oferta” apuntó.
“Cuando supe de su fallecimiento, empecé a llorar. Hubo solamente un Diego Maradona, el que estaba bien. No tuvo los mejores amigos después de su carrera. Era muy sociable y siempre estaba de buen humor. Llevó a la Argentina a ser tan popular en Europa. Después de aquella semifinal me invitó a su casa. Fue una deuda que me quedó pendiente. Me sentía muy identificado porque tuvimos una infancia similar. Crecí en una familia humilde también, con 11 hermanos y vivíamos en una casa rodante. Debido a esto, tuvimos que lidiar con muchos prejuicios. La gente pensaba que yo no era suficiente, porque no provenía de una familia rica. Mi padre murió en 1965, cuando yo tenía doce años. Mi madre no tenía plata, pero trabajó mucho e hizo muchas cosas para mantenernos. Hablé con Maradona sobre eso y me entendía. Cuando viajaba a Múnich, nos veíamos en un hotel y nos quedamos hablando durante varias horas. Una vez estuve con su padre, Don Diego, que fue súper cariñoso conmigo. Con Diego Armando, tuve una verdadera relación de amistad”.
Por eso –prosiguió “me gustaría abrir una galería dedicada a Maradona en Bélgica. Invitaría a su hermano para que vea todo el material: fotos, cuadros y una escultura sobre él. Lo voy a hacer lo antes posible, ya lo tengo decidido”.
“Maradona era de otro planeta, Messi es un gran jugador, lo respeto mucho pero solo jugó en el Barcelona. Pelusa gambetear a 1, 2, 3, 4 y hasta 5 jugadores al mismo tiempo. En cambio, Messi a 1, 2 o 3 y luego pierde la pelota. Maradona era un futbolista de toda la cancha, estaba en otro nivel”, concluyó.