Su ciclo y su futuro en el cargo habrían corrido riesgos pronta e injustamente de no haber mediado el milagro de la clasificación en tierras brasileñas a la próxima ronda de la Copa Sudamericana. La cabeza de Lucas Pusineri casi vuela producto de los resultados iniciales en su querido Independiente. Por culpa, en verdad, más ajena que propia.
Porque el problema lo tiene una dirigencia, la de Independiente, que hace años no da pie con bola. Que toma decisiones desacertadas, que malgasta el dinero en refuerzos que no rinden, que les entregó “las llaves del club” a técnicos que se creyeron más importante que el mismísimo Rey de Copas. Que no supo usufructuar la obtención de la Copa Sudamericana 2017 e hipotecó a la institución. Fundamentalmente, que carece de proyecto e improvisa demasiado.
Algo similar ocurre con otro grande a la deriva: San Lorenzo. El desconcierto se palpa por estas horas en las que Tinelli echó al DT interino, Diego Monarriz, y no se descarta que apueste hasta junio por otro interinato encabezado por el Pipi Romagnoli. No parece lo más aconsejable si se considera que la próxima temporada el Ciclón la arrancará comprometido con los promedios.
Pero lo preside alguien al que su alma de empresario le juega en contra y quiere arreglar todo con plata, que se rasga las vestiduras hablando del trabajo de inferiores, pero que cada mercado tapa a los pibes con contrataciones tan caras como improductivas. No hay un proyecto serio en el Ciclón y se nota. “Acordate lo que era el club en 2012”, suelen alegar sus defensores. Hoy el Cuervo está casi tan mal como entonces. Santos y diablos, mismo infierno.