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Dos obreras, un ejemplo de la igualdad de oportunidades

Son madres y se ganan la vida en las obras de construcción, haciendo un trabajo que mayoritariamente es ejercido por hombres.

Neuquén > La mujer que únicamente tejía, cocinaba y limpiaba quedó en el tiempo. Hoy, además de los quehaceres domésticos, la mujer es empresaria, profesional y ocupa lugares que por años fueron exclusivos de los hombres. Dos neuquinas son el mejor ejemplo. Ellas rompen día a día con la idea de que el trabajo pesado le corresponde al varón. Zulema y Daniela todas las mañanas muy temprano se prepararan para ir a la obra. Ellas son trabajadoras de la construcción.

Zulema: "Fue algo nuevo para mí"

De overol azul y casco amarillo, Zulema Antiñir salió detrás del pañol de la obra del shopping en el alto de la ciudad. Ese es su lugar de trabajo, se encarga de entregar y recibir las herramientas a sus más de veinte compañeros.
Tiene 33 años y no acota su trabajo a esta tarea principal, sino que también colabora con otras tareas, como trasladar materiales o mover escombros.
De chica había ayudado en la construcción de su casa y hace unos meses tuvo la oportunidad de entrar a trabajar a la obra. “Fue algo nuevo para mí el entrar a la obra y encontrarme con un montón de hombres, pero era algo que me gustaba”, aseveró la mujer, quien contó además que no tiene problemas con ningún compañero. “Si te hacés respetar, te respetan”, agregó.
Esta obrera de la construcción también es mamá de cuatro hijos. Está separada y para salir a trabajar recibe la ayuda de su hijo mayor, que se encarga de cuidar a los pequeños.

Ivana: "No lo cambio por nada"

Todas las mañanas Ivana Urrea toma el colectivo 5 B a las 6.50 en la Cuenca XV, para llegar a la obra en el barrio Confluencia a las 8 en punto. Allí trabaja levantando restos de los materiales de la construcción que van quedando.
Recorre los 8 pisos del edificio que están construyendo unas tres o cuatro veces subiendo y bajando materiales. De camisa y jeans de trabajo, no se olvida de pintarse los ojos y luce dos perlas en sus orejas. “Estaba sin trabajo hacía unos meses y se dio la oportunidad de entrar y me animé”, contó la mujer que está feliz de poder llevar el dinero a su casa. Ella tiene 36 años y tres hijas, una de 16, otra de 14 y la pequeña de 3.
En la obra contó que la aceptaron sin problemas y que todos sus compañeros fueron muy respetuosos desde un principio.
Aunque al principio Ivana encontró un poco difícil el trabajo, contó que de a poco se acostumbró y que ahora no lo cambia por nada.