Segunda conclusión
Calvo, que estuvo detenida tres meses en dos centros clandestinos de La Plata, el Arana y en el Pozo de Banfield, donde nació su hija, remarcó que como segunda conclusión del extenso trabajo fue determinar la metodología empleada por los militares.
Consistió en el secuestro, privación ilegítima de la libertad, tormentos, hambre, frío, aplicación de submarino seco y mojado, el robo de bebés y en algunos casos, el asesinato.
Mencionó también que hacer desaparecer a las personas detenidas fue también un “método planificado”.
“La desaparición no es lo mismo que el asesinato. Produce un efecto distinto al homicidio, produce parálisis. Es el desconocimiento absoluto de la suerte corrida por el compañero o por un ser querido, fue el reemplazo al asesinato”, señaló.
La aparición de un sobreviviente “también responde a una acción concebida. En este caso produce un grado de culpa en el hombre, al punto de que se pregunta ¿Por qué yo sobreviví y otros no?”, se interrogó.
Dijo también que esta situación nada tuvo que ver con quebrarse frente a al tortura. Intencionalmente se hizo correr que habían colaborado. No hubo colaborador alguno, afirmó.
“La finalidad de dejar en libertad era para que sirviera como cadena de transmisión, que se conociera la existencia de los campos de concentración”, sentenció.
En un momento de la exposición, Calvo dijo que “en el Pozo de Arana, en 1976 también fue detenido, interrogado y torturado Jorge Julio López”.
Su testimonio fue clave para la condena del ex comisario Miguel Etchecolaz, responsable de varios de los centros clandestinos que funcionaban en la provincia de Buenos Aires.
López se encuentra desaparecido desde septiembre del 2006 y, sin dejar de mirar por un segundo al Tribunal, exigió su aparición con vida. “Sus secuestradores están impunes”, dijo.