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Educación: una tarea a compartir con los maestros

No todo lo que pasa dentro de la escuela es tema de los docentes: el papel de los padres es clave, en especial con los niños más pequeños.

El inicio de las clases representa muchas sensaciones encontradas. Expectativa, ansiedad, demanda, una vara alta que hay que saber saltar. ¿Los chicos? No sólo ellos, también los padres, quienes juegan un rol decisivo en la adaptación de sus hijos y en el desarrollo de ellos en clases, en especial en los más pequeñitos. Es importante que el adulto sepa que es una pieza clave en esta historia, por más que el día a día y sus obligaciones lo absorban.

“En niños de 0 a 3 años, las figuras de apego son sus padres y son los protagonistas fundamentales en el proceso educativo de sus hijos. Cuando los padres toman la decisión de compartir esta tarea con ellos, la educación del niño se convierte en una tarea compartida entre padres y maestros cuyo objetivo común es la formación integral del niño”, explica la psicóloga Estíbaliz de Zulueta Velázquez.

Los niños deben percibir a los educadores escolares como personas de confianza de sus padres, con los que se sienten seguros y contentos de dejarlos. Por eso, cuanto más participen y se involucren los padres en las actividades propuestas, se le ofrecerá al chico una imagen de acercamiento e interacción entre las personas que se ocupan de su cuidado y le otorgará al ámbito escolar un carácter familiar y seguro.

Es fundamental participar y preguntar por nuestros hijos y hacer un seguimiento de cómo van las cosas. Ojo: esto no significa supervisar cada movimiento del niño, sino acercarse sanamente a su evolución. “Dejan a cuidado de los docentes lo más importante de su vida y deben saber y conocer cómo están viviendo las nuevas experiencias. Hay que tener en cuenta que a estas edades muchos no pueden contar, pues no han desarrollado las habilidades lingüísticas”, cuenta Zulueta Velázquez.

La estrategias escolares tienen que ver con reuniones durante el curso, de manera individual primero y luego general, para comunicar los aspectos relevantes del funcionamiento y organización de la escuela y envío de circulares para informar las nuevas unidades del proyecto educativo y actividades programadas. Así se mantiene una relación fluida todo el año y no sólo al principio en el periodo de adaptación, cuando son habituales las preguntas y las preocupaciones.

El periodo de adaptación siempre implica ciertos cambios en sus emociones y comportamientos. Es normal que al principio les cueste, pues lleva un tiempo hasta que se sientan seguros y toman confianza. “Aunque al comienzo es normal que el niño pueda sentir rechazo -explica la psicóloga-, porque es natural que no quieren separarse de sus padres, si observamos que esa actitud se alarga en el tiempo (más de tres semanas o un mes) es recomendable tomar una estrategia, como una tutoría, para ver cómo se lo puede ayudar al niño para que se sienta más cómodo y seguro”.

Luego, bastará con un seguimiento. Pero este tiene que tener a los padres como protagonistas fundamentales. Porque aunque el niño ya esté bien adaptado, hay que evitar desligarse de su evolución o de cómo sigue su relación con sus maestras y compañeritos. Siempre los padres seguirán siendo el imán de confianza más grande.

Positivar desde nuestro lugar

Los docentes suelen optar, para hacerlo más sencillo, por un documento en el que explican en qué consiste el período que está por iniciar y qué cambios y actitudes pueden esperarse en los chicos. Nuestra colaboración pasa por hablarles positivamente de la escuela, no expresar tristeza al momento de dejarlos en la escuela y que las despedidas en la puerta de la escuela sean afectuosas pero cortas.