Por RAMIRO MORALES
La ansiedad suele primar en la política argentina. A menos de un año de las elecciones de octubre, ya se habla de “re-re”, se aventuran candidatos y se proyecta hacia adelante. Poco se dice, en cambio, de 2013, una parada inevitable y que será un verdadero plebiscito para las gestiones que llevan varios años en el poder como la de Jorge Sapag en Neuquén.
Lo cierto es que en la provincia ya comienzan a abrirse las trincheras. Es posible que la crónica de 2015 -para seguir con esa tendencia de futurismo- cuente que en el 108 aniversario de Neuquén comenzó el primer round de una pelea que forma parte del imaginario de varios. Lejos de ser una celebración institucionalista, de palcos, banderitas y evocaciones patrias, el acto central se convirtió en un mitin político. El MPN copó el Monumento a San Martín con militantes que vitoreraron a Sapag, mientras el intendente Horario Quiroga miraba incómodo desde un costado.
Después, para no alimentar equívocos, ambos hablaron en conjunto y dispararon contra los cortes de ruta. Pareció una carrera discursiva por posicionarse políticamente, en momentos donde la protesta social arrecia pero con métodos que hoy tienen escaso apoyo popular.
Fue un gesto después del fuego cruzado que venían protagonizando desde hacía días. Sin embargo, la tregua duró poco: al otro día, Quiroga dijo que la presencia emepenista en el acto era una señal de debilidad. Fue un retorno a la pirotecnia verbal.
Los adversarios, como una pelea de boxeo, arrancan midiéndose. Sapag sabe que cuenta con ventaja e intenta tomar la iniciativa. Quiroga arremete con su mejor arma: la provocación discursiva, algo que enerva a algunos funcionarios provinciales. Otros no lo toman tan en serio. Creen que Quiroga no tiene estructura provincial y recuerdan que Sapag ganó ampliamente en esta capital, donde el MPN aún pisa fuerte pese a no ser gobierno.
En este escenario, los operadores del quiroguismo se afanaron en difundir una encuesta que dice que la mayoría de los capitalinos no apoyaría una eventual “re-re” de Sapag. Saben que ese sería su peor escenario: el gobernador es una figura que aglutina al MPN. Sin su apellido en una boleta, el partido podría verse en un escollo para encontrar un candidato para 2015.
Son todos escenarios probables, pero no son más que eso: globos de ensayos políticos.
Reclamo estatal
Lo que sí es una realidad inmediata es la protesta gremial, que esta semana tuvo una suerte de enfriamiento luego del gesto de Sapag de adelantar las mesas técnicas. También tuvo que ver el trágico accidente de la PIAP, que provocó estupor. Si bien hubo paro, los cortes prometidos no se realizaron.
Donde sí hubo piquetes fue en Plottier, que pasó algunas de sus horas más tensas el miércoles luego de que, en un confuso episodio, un policía de civil fuera atacado y terminara internado. Los gremios aseguran que gatilló dos veces en la cabeza de un manifestante y la bala no salió. Todo lo determinará la Justicia.
Pero cuando la protesta tocaba su techo más tenso, el Gobierno envió un mensaje: convocó al intendente Andrés Peressini y le prometió el envío de dinero. Fue un regalo de 20 días de paz luego de varias idas y venidas. Pero el mes que viene, aún con las cuentas un poco más liberadas, Plottier volverá a sentir el déficit crónico y no podrá completar el sueldo de sus empleados. El ciclo se repetirá hasta que no logre sanear sus cuentas.
Los gremios municipales redoblaron el reclamo en la semana y evocaron un nombre que hasta aquí había pasado desapercibido: el del secretario de la presidencia, Oscar Parrilli, que apoyó a Peressini en la campaña. Desde el comienzo de la gestión hubo ciertas diferencias manifiestas que incluso motivaron la renuncia de un funcionario del Frente para la Victoria. Parece que desde el ala K no olvidan que el intendente de Plottier es de extracción radical.
Negociaciones
El pasado viernes, la vicegobernadora Ana Pechen hizo una declaración que pasó desapercibida. Sugirió que será el ministro de Economía, Omar Gutiérrez, el encargado de informar sobre los números provinciales a los gremios, en las mesas técnicas que se realizarán la semana que viene.
Será la primera vez en mucho tiempo que un ministro se sentará a hablar con gremialistas. Gutiérrez se encargó de aclarar que serán mesas para hablar de recategorizaciones y no de aumentos salariales: el Gobierno insiste en que no cuenta con fondos para subas.