Para llegar a la zona de parrillas, no bien se ingresa al Sandra Canale, se debe doblar a la derecha y avanzar unos 200 metros hasta una rotonda arbolada. Allí se brindan todas las comodidades para los que gustan de comer al aire libre: hay mesas, banquitos y 36 parrillas de hormigón. En torno a una de ellas, la familia política de Alexander ya había armado un comedor. Unos cuatro hombres tomaban unas cervezas, sentados a la mesa, mientras las chicas recostadas en las reposeras esperaban que la carne esté lista. El cuñado de Ale cumplía años y habían decidido hacer un asado. “Acá es tranqui, tiene mesitas y la parrilla, así que nos vinimos a festejar el cumple de Ian. Además, como hoy no trajimos música siempre hay alguien que pone y por más que no nos guste tanto ese ritmo, hace un poco de ruido”, cuenta Alexander, mientras acomodaba las brasas. De fondo se escuchaba un reguetón que alguno de los vecinos había puesto a todo volumen.
A unos metros de distancia, avanzando hacia el río, Miguel Prat comía un choripán con los integrantes de su familia. Algunos de ellos habían llegado de visita, y por la falta de agua que ayer afectó a la ciudad, no se habían podido duchar. “Por eso decidimos venir al río, hacer un asado y bañarnos para estar frescos. Nos encontramos con un lugar muy lindo”, aseguró Miguel.
En la costa, a las dos de la tarde, el lugar todavía no estaba repleto. Los pocos que había disfrutaban del agua y dos madres embadurnaban a los pequeños con protector solar para evitar problemas. A su vez, muchos de los que eligieron el río para almorzar terminaban de comer y se iban derecho a darse un chapuzón. Luego, acomodaban la lona debajo de un árbol para embarcarse en una relajante siesta.