Si el Gobierno quería medir el impacto de las protestas de los gremios estatales, cinco días le bastaron para conocer la respuesta.
Desde el vamos, el balance de la semana es negativo: clases perdidas en la mayoría de las escuelas y las principales oficinas públicas paralizadas por no decir sitiadas.
El gobernador Omar Gutiérrez se refirió a la delicada situación que vive la provincia con algunas expresiones de deseo en Ramón Castro durante la inauguración del ciclo lectivo el lunes. Y el resto de la semana siguió los sucesos en la Residencia de la Costa, o desde Buenos Aires, en donde desplegó la parte más cuantiosa de su agenda.
La respuesta oficial a la huelga indefinida de ATE fue el llamado a la conciliación obligatoria que difícilmente tenga un desenlace amable. ¿Mejoraría el Gobierno la propuesta de recomposición salarial en una audiencia en la Subsecretaría de Trabajo, cuando podría haberlo hecho en otras condiciones?
Por el lado de los docentes, las expectativas de la convocatoria para el lunes eran ayer moderadas, pero el humor era mejor si se lo compara con el que reinaba la semana pasada cuando se decepcionaron con la oferta inicial de recomponer salarios en función de la evolución trimestral de la inflación.
Si, hipotéticamente, el gobierno consiguiese que ATEN acepte la propuesta, necesariamente tendrá que despejar la tormenta con ATE a cuya organización pertenecen los auxiliares de servicio de las escuelas.
Habrá que esperar hasta la semana que viene para ver si las cosas mejoran (para el bien de todos).
El saldo de la semana no es el mejor: escuelas sin clases y oficinas públicas vacías o sitiadas.