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La Mañana bodegón

El bodegón que reabrió con el alma del viejo comedor

Vuelve la comida casera al renovado local de la calle Alberdi.

Había una enorme expectativa por la reapertura del lugar y mucha curiosidad por saber cómo había quedado el local y qué tipo de comercio funcionaría.

Pero el martes pasado el misterio quedó develado y el viejo Comedor Alberdi (Ahora con el nombre de Bodegón) reabrió sus puertas.

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Después de muchos años despachando comida casera, el restaurante había cerrado en la pandemia con la muerte Hugo Víctor Cristini –su dueño-, y el retiro de José Planas, el histórico mozo que trabajó toda su vida.

Ahora la posta la tomó el hijo de Hugo –Felipe- un joven de 34 años que junto a su pareja Conny Cayunao decidieron retomar la actividad con algunos cambios, más allá del nombre, pero con el objetivo de mantener la esencia del lugar ubicado en Alberdi 176: ambiente familiar, comida casera y buenos precios.

“El alma es la misma”, aseguró Felipe, quien mantiene en sus recuerdos las imágenes del viejo comedor, con aquellos comensales que con el tiempo se habían convertido en amigos y con los aromas que llegaban desde la cocina.

Los cambios que se hicieron en el local tienen que ver con la estética del lugar, aunque llevarlos a cabo tomó más tiempo que el que se había calculado. Es que la vieja estructura necesitaba remodelaciones profundas. Hubo que retirar el revoque de las paredes, pintarlas, abrir tragaluces en el techo para que el ambiente sea más iluminado y poner en marcha una serie de modificaciones que llevaron casi un año de trabajo.

La fachada es similar a la antes, pero el interior cambió. Atrás quedaron los manteles cuadrillé tan característicos del comedor anterior. Ahora luce todo más luminoso y moderno, más acorde a las tendencias gastronómicas que impone el mercado.

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“Se había generado mucha expectativa porque teníamos todo el frente tapado y no se podía mirar hacia adentro”, indicó Felipe. Dijo que la mayoría de los que venían a preguntar eran los antiguos clientes que, a partir del cierre del local, se habían quedado huérfanos de almuerzos y cenas cotidianas, desamparados sin un lugar que los cobijara y los hiciera sentir como en su casa. “Venían los viejos a consultar cuándo abríamos y cómo quedaría el local”, comentó el joven emprendedor.

Por ese pasado familiar y la necesidad de modernizar el restaurante hubo que buscar una línea de equilibrio para que el bodegón mantuviera la esencia de antes, con más comodidad y mejor servicio.

Por este motivo, es que Felipe decidió mantener lo más importante: la histórica carta que se ofreció durante años. Así contrató a Gladys Huenten -la cocinera de siempre- para elaborar los platos del día con la magia de la comida casera que tantas veces sirvieron madres y abuelas en las mesas familiares.

También apostó a seguir con la tradición del menú fijo de acuerdo a los días, aunque recién ahora lo está definiendo. En la grilla semanal quedará el puchero de los sábados, las lentejas de los martes, el guiso de mondongo los miércoles y otras preparaciones que se irán incorporando de a poco. Todo dependerá de lo que opine la clientela.

“La idea es seguir con la misma política del antiguo comedor; también con los precios económicos que lo caracterizaron siempre”, aseguró Felipe. Dijo que todos los platos de guisos rondan los 850 pesos y que las carnes con guarniciones cuestan entre 1.200 y 1.500 pesos con guarniciones incluidas.

Bodegon Alberdi (4).JPG

El nuevo bodegón abrió el martes pasado y la noticia comenzó a correr de boca en boca por oficinas, comercios y gente que trabaja en la cercanía.

Para los viejos clientes que regresen después de todos estos años de ausencia será una grata sorpresa, aunque inevitablemente los invadirá la melancolía del pasado.

No estará Hugo al frente de la caja, cobrando y charlando con sus amigos de siempre; tampoco estará José, el simpático mozo todoterreno caminando por entre las mesas, sugiriendo platos y haciendo compañía a los parroquianos solitarios.

Será una sensación extraña de ver que hubo cambios que nada cambiaron, que los recuerdos del comedor que durante años fue escenario de mil historias se mantienen presentes y que el alma del bodegón –como dice Felipe- está intacta y pura porque es la misma de siempre.

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