Es un problema serio y universal del que todos somos un poco responsables. El cambio climático es una triste realidad que necesita del aporte de todos, aunque principalmente de las grandes potencias mundiales y sus decisiones políticas al respecto. Pero, ¿cuál es la génesis del problema? Hay que buscarla en el calentamiento de los océanos, que es donde se pone en marcha una secuencia de acontecimientos que afecta a todo el mundo. Esto ocurre debido a que, si la temperatura del agua sube, esta se expande: o sea, la misma cantidad ocupa más espacio, llevando a un aumento del nivel del mar -que se derritan los hielos de los polos y los glaciares también colabora y mucho-.
De este modo, el agua salada se mete en pozos de agua dulce. Así se reduce la cantidad y calidad del agua potable, además de blanquearse y destruirse los corales. Mientras, el calentamiento de la superficie modifica el sistema meteorológico mundial, generando mayores lluvias y la formación de tormentas más intensas. El 2018 fue el el más cálido en los océanos desde que hay registros, de acuerdo con un estudio publicado en Advances in Atmospheric Sciences. Incluso, los últimos cuatro años son las primeras cuatro posiciones en el ranking histórico.
Estos resultados ven la luz unos días después de que la revista especializada Science publicara otro trabajo que revela que el calentamiento de los océanos está ocurriendo un 40% más rápido de lo que Naciones Unidas había estimado en 2014. “El calentamiento oceánico es un indicador clave en el cambio climático, y ahora tenemos pruebas sólidas de que está pasando mucho más rápido de lo que creíamos”, revela Zeke Hausfather, investigador de la Universidad de California en Berkeley y coautor del análisis. Los datos reflejan, además, que las aguas superficiales son las que más incremento experimentaron, en un dato que es especialmente relevante a la vista de un tercer trabajo, elaborado por investigadores de la Universidad de Cantabria (UC) y publicado la semana pasada en Nature Communications, que señala la relación entre el crecimiento en la potencia del oleaje marino a nivel mundial y el alza de las temperaturas. Los autores demuestran cómo la superficie del mar influye en los patrones de viento de todo el mundo lo que, a su vez, provoca olas más fuertes y peligrosas.