Un final incierto es la sensación con que llegan los familiares de las víctimas, sobrevivientes y organismos de derechos humanos a la sentencia que se dictará hoy en Buenos Aires por el juicio de lesa humanidad más extenso de la historia judicial argentina (comenzó el 28 de noviembre de 2012) por los delitos cometidos en la ESMA, el centro clandestino de detención, tortura y exterminio donde estuvieron detenidas-desaparecidas unas 5 mil víctimas y donde nacieron bebés en cautiverio que fueron apropiados por represores o sus familiares y sustraída su identidad. La sentencia recaerá hoy sobre 54 acusados de los crímenes más aberrantes contra 789 víctimas de ese centro clandestino de exterminio que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada durante la última dictadura militar hasta diciembre de 1982.
Los temores de este final incierto están vinculados a los nuevos vientos políticos que corren desde el inicio del actual gobierno reflejados en la iniciativa de aplicar el cómputo del 2x1 para beneficiar a los condenados, prisiones domiciliarias, entre otras.
Por primera vez se juzgará la responsabilidad de los aviadores de la Armada y de la Prefectura en el mecanismo de exterminio de personas arrojándolas vivas al río o al mar en los denominados “vuelos de la muerte”. No hubo confesiones, sino documentos que acreditaron la existencia de una fuerza que se estaba organizando para algo grande, como dijo el marino Adolfo Scilingo, que reconoció los vuelos de la muerte. Fue el crimen perfecto de la dictadura, simbolizado en aquella expresión de Videla: “No está ni vivo ni muerto”. Es el único tramo del circuito represivo que no tiene sobrevivientes.
Por primera vez se juzgará a los responsables de los denominados “vuelos de la muerte” de la dictadura.