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El debate y un final cantado

Pablo Truffa
Más allá del acto tribunero, celebré cuando Pechi convocó a todos sus rivales a debatir sobre el presente y el futuro de la ciudad. También celebré que la mayoría aceptara y lo desafiara a realizarlo el día que él quisiera, donde él propusiera y a la hora que él indicara. Pero claro, el que se negó a subir al ring desde un principio fue ni más ni menos que Pablo Bongiovani, el candidato del MPN y el único apuntado por el intendente. La baja, según dicen allegados al actual concejal, se debe a que las encuestas que manejan ellos ubican al músico por encima de Quiroga y que debatir con segundos o terceros es un error. Pero, conociendo otros sondeos, también podría afirmarse que el candidato emepenista prefiere no quedar en falta y deja pasar la enorme chance de sumar. O bien que el partido busca resguardarlo y no exponerlo ante la sociedad, teniendo en cuenta que es más novato que quien más veces gobernó la ciudad, y que enfrentarlo podría traerle grandes dolores de cabeza o dejarlo en evidencia para el futuro. 
Conocido este desplante y caído el debate, seguramente saldrán los otros postulantes a chicanear a Pechi por no querer hacerlo con ellos, cuando en realidad la propuesta inicial fue para el conjunto. Pero deberán entenderlo, porque el grito generalizado fue sólo por cortesía. Es que el dardo lanzado por el jefe comunal tenía un solo destinatario, con nombre y apellido: Pablo Bongiovani. El mismo que ya le dijo no; el mismo que prefiere “debatir” sólo con la gente; el mismo que suma el apoyo de integrantes del partido para cuestionar acciones de gobierno desde un micrófono, una cámara o a través de las redes sociales; el mismo que, paradójicamente, intenta destronarlo pero no se arriesga a enfrentarlo cara a cara.