El grito colectivo de "Ni una menos, vivas nos queremos" puso en la agenda de los medios de comunicación el flagelo de la violencia de género y los crímenes, como expresiones extremas.
Pero, como toda realidad que se impone sin pedir permiso, me pregunto si los medios y los periodistas forman parte de la transformación de los estereotipos que históricamente forjaron esta cultura en la que vivimos, o siguen siendo cómplices de una violencia mediática que algunos sufren en carne viva –las mujeres–, y ante la que otros –la mayoría– seguirá siendo indiferente.
Recientemente, en una charla brindada en Neuquén por Romina Coluccio, de la Defensoría del Público (organismo que promueve y defiende el derecho a la comunicación democrática) se trató la temática de la comunicación en clave de género: coberturas responsables de casos de violencia hacia las mujeres.
Durante la disertación, se hizo evidente la necesidad de que los periodistas se instruyan sobre la temática para mejorar la calidad del abordaje de aquellas historias dramáticas que trascienden los muros de las casas y llegan a la esfera pública. Que agranden sus agendas para consultar a más voces calificadas que puedan ayudar a repensar el entramado social. Este es el desafío de los medios hoy. No sólo recopilar cifras de mujeres asesinadas por sus parejas. El desafío es ser parte del cambio cultural, con cada historia que toque cubrir.