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El día después de San Valentín: las ventajas de seguir soltero

La autodeterminación y el goce individual crece entre los jóvenes.

Atrás quedó San Valentín, el día más meloso del año, las parejitas demostrándose su más sincero amor y los chocolates. Los solteros vuelven a salir de la cueva y disfrutan de su elección de romper con el paradigma de una vida conyugal para así concentrarse en las metas personales. Cada vez son más las personas que optan por este camino y cuenta su porqué.

Los clásicos y rígidos paradigmas socioculturales asociaban a la felicidad con la formación de una familia a partir de una pareja sólida. A aquellos que se mantenían en la soledad los ligaban con el fracaso emocional. “Sin embargo, en estos tiempos que corren de tanta urgencia, presiones, exigencias y decepciones amorosas, la soledad se presenta como un momento deseado, el espacio para estar con uno mismo, para los pensamientos, emociones, disfrutes y elaboración de proyectos personales”, sostuvo Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo, analizando los comportamientos de la nueva generación.

La autonomía y su consecuencia del goce individual tienen grandes adeptos entre los jóvenes. En estos casos estar a solas significa la posibilidad de reflexionar sobre cuestiones afectivas pasadas o presentes y encontrar “lo deseos profundos que nos movilizan y los recursos para hacerlos realidad”. Vivimos una época en la que a los seres humanos se nos exige disfrutar o sentir placer todo el tiempo. En esa línea parece que los “solos” modernos estuvieran mejor posicionados o tuvieran mayor disposición para hacer lo que les gusta.

El ceder los espacios ganados, como la seguridad personal, el estatus social, el bienestar económico, pensamiento propio y el disfrute del ocio y actividades recreativas, se ve con otros ojos. “Los hombres y las mujeres que han ‘ganado’ la soledad la viven como una instancia de sosiego. Y todo aquello que la perturbe será repelido. Se busca la paz”, comentó el experto.

La nueva generación se animó a romper el paradigma de que la felicidad está ligada a la vida conyugal

Respaldando los conceptos de Ghedin, el psicólogo del Centro de Psicología Cognitiva Santiago Gómez aseguró: “En los hechos se observa la realidad. El ‘mito de la felicidad conyugal’ se trata de una idea sobrevalorada que responde a ciertos patrones sociales, como lo son asistir al jardín de infantes, a la escuela primaria, a la secundaria, a la universidad, introducirse en el mundo laboral, casarse y tener hijos. Todas estas etapas son las que exige la sociedad para ‘alcanzar la felicidad’”.

Un estudio realizado en Alemania, titulado “¿El matrimonio hace felices a las personas o las personas felices son las que se casan?”, investigó los patrones de matrimonio de las personas en relación con sus niveles de felicidad. Los resultados sugieren que en realidad los solteros más felices son más propensos a casarse y que los beneficios del matrimonio son más pronunciados entre los individuos que admiten.

Los estímulos del cerebro con el amor

A “las mariposas en la panza” se le encontró una justificación científica. Se descubrió que el amor hacia otra persona es una sensación reconfortante ya que las zonas del cerebro que se activan cuando alguien se enamora son regiones que hacen que los estímulos que se reciben se intensifiquen, por lo que la persona se siente bien con facilidad ante el más mínimo estímulo y magnificará las interacciones entre los neurotransmisores encargados de generar más placer. El aumento de las concentraciones de dopamina y norepinena en el área tegmental ventral lo posibilita.

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