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"Me tocó de cerca", expresó María Silvina Morales, una madre de Cipolletti que perdió la noción del tiempo hasta que pudo hablar con su hijo y escuchar que estaba a salvo. "No tengo nada, mamá", le dijo Ygnacio Facundo Sáenz, cuando anoche pudo establecer contacto telefónico. Hace días que no sabía nada de él porque las comunicaciones son muy malas en la zona; pero un mensaje que alcanzó a mandar a través del celular de una señora que reside en el lugar fue la señal que necesitaba para no pensar lo peor y confiar.
"Mi hijo perdió todo. Alcanzó a sacar una mochila de su casa y se quedó con lo puesto. Tuvo que evacuarse en Puelo, hace tres días", comentó Silvina, en diálogo con LMCipolletti. Al regresar donde tenía su casa en construcción, casi terminada, constató que el fuego había arrasado con ella y la huerta comunitaria donde trabajaba junto a otras personas. "Muchas familias están pasando por lo mismo", acotó la madre del joven damnificado.
Ygnacio, su hijo, tiene 22 años y desde hace cuatro que reside en el paraje Las Golondrinas que deslumbraba por lo verde, y ahora luce todo ennegrecido. Echó raíces en ese lugar para vivir de la tierra y fue feliz. Levantó su casa y se autogestionó todo lo que necesita una persona para vivir. Ahora, enfrenta un paisaje desolador. "Está en shock, no cae", advirtió su madre.
No termina de asimilar lo que está viviendo, junto a otros amigos y vecinos del paraje que buscaron refugio en la única casa que no se prendió fuego y está en lo más alto del bosque. Allí permanecen, mientras la gente que se solidarizó con la situación que están atravesando lleva adelante numerosas colectas solidarias para asistir a la comarca.
"Estuve varios días sin poder comunicarme, pero sabía que estaba vivo. Tenía esa confianza y pensaba en positivo", expresó su madre. Cuando logró hablar con él, trató de calmarlo y ver el hecho desde otro ángulo, más alejado de la catástrofe, más cerca de la esperanza. "Yo le dije que lo material se recupera. Hay que seguir adelante porque lo importante es que está vivo", manifestó.
Movilizada por su hijo y la comunidad que padece las consecuencias del incendio más abrasador, Silvina emprendió una cruzada solidaria para acercar todo tipo de donaciones en los próximos días. Además, hay árboles que siguen prendidos fuego y necesitan herramientas par seguir trabajando, limpiar la tierra y evitar que se siga expandiendo el incendio.
Se requieren alimentos no perecederos, agua, platsul para aliviar las quemaduras, ropa, mantas, elementos de higiene, gasas, solución fisiológica, vendas y otros elementos para curar a los damnificados que sufrieron lesiones. Silvina puso a su disposición su número de celular 299-5495488. Los vecinos de esta ciudad pueden llamarla y coordinar la entrega de las donaciones. Todo aporte es bienvenido y se agradece. "Estamos todo el tiempo movilizados para ayudar a la comarca", contó esta madre cipoleña.
Claro que no es la única. Hay una marea de solidaridad en Cipolletti que se extiende y está llegando a los puntos más conflictivos de la comarca. Comerciantes de la ciudad difundieron otra colecta que inició el club Marabunta "para la gente que nos necesita en la cordillera", a través de la cual están solicitando frazadas y colchones, gasas, vendas y cremas para quemaduras; ropa y calzado, alimentos no perecederos y agua.
El lugar de entrega es el quincho de veteranos, jueves y viernes, de 17 a 21; sábado y domingo, de 12 a 18 horas.
Incluso en los asentamientos más humildes de esta ciudad como Barrio Obrero los vecinos se movilizaban para paliar el desastre que están viviendo los damnificados de la comarca andina. "Hoy a la mañana salió una camioneta con ayuda para El Bolsón. Un vecino de la panadería de acá está organizando un viaje para el sábado; y en la manzana 9 también se están organizando para viajar mañana (viernes) a la mañana. Van a salir un montón de compañeros para allá. La verdad es que si algo aprendemos es que tenemos que tener empatía y ser solidarios. Un orgullo la respuesta que ha tenido la comunidad de Cipolletti", comentó Lila Calderón, referente del barrio.