{# #} {# #}
El comercio electrónico (e-commerce) se reforzó como un hábito cultural durante la cuarentena, al calor de las restricciones de circulación de la sociedad y la aparición de un nuevo paradigma de la economía doméstica, en plena crisis del coronavirus. Y esta tendencia, más allá de lo simpático y cómodo que pueda parecer, está liquidando a los locales tradicionales que tienen que pagar sueldos y alquileres. Si bien algunos de ellos han diversificado y realizan ventas on-line, hoy tener un centro de distribución de productos y alquilar un galpón y hacer transacciones puede parecer más rentable. Esto no es una novedad, pero los números quedaron expuestos en un informe elaborado por la Cámara Argentina del Comercio Electrónico, en junio pasado. Durante el 6 al 17 de junio se realizó un sondeo a 129 empresas asociadas (de los 1674 socios que tiene la cámara) y salieron algunos datos a analizar: la facturación interanual en junio creció 106% ($314.602.000); las unidades vendidas crecieron un 63% ($92.000.000 en junio) y se generaron 2525 millones de sesiones de tráfico en internet, a través de dispositivos celulares y PC, para hacer las operatorias, lo que significa un 14% más que el mismo mes del año pasado. Los datos crecen en forma acelerada cada año y en esta pandemia la pregunta que se hicieron los comerciantes fue recurrente: ¿Qué va a pasar con el comercio tradicional? Ayer desde ACIPAN salieron a decir que volver a Fase 1 en Neuquén sería algo así como un certificado de defunción para algunos locales comerciales. En suma, el cliente ideal para el e-commerce está “en la casa”, con un celular e ingresos, un escenario que pone en jaque a la realidad que vivíamos antes de marzo.